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En su odio genético contra la Revolución cubana, Estados Unidos gasta miles de dólares en el envío de emisarios a varios países, presiones políticas, chantajes económicos, unido a la campaña de prensa desatada para mentir contra el gobierno que más ha trabajado por los derechos de su pueblo, con el único objetivo de que no voten a favor de Cuba en los foros internacionales, sin lograr los resultados deseados.

Ejemplo de ello ha sido la desgastante batalla librada desde hace meses, para evitar la elección de Cuba como integrante del Consejo de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas, órgano compuesto por 47 Estados miembros, responsabilizados con la promoción y protección de todos los derechos humanos en el mundo.

En 2006, Cuba fue elegida como uno de los paísesfundadores de dicho Consejo, cuando se decidió eliminar la antigua Comisión de Derechos Humanos, manipulada por Estados Unidos a su antojo, nación que no resultó electa para integrar el primer Consejo, por su pésima actuación en esa materia.

Desde entonces Cuba ha sido electa por dos períodos consecutivos hasta diciembre de 2012. En 2014-2016 y 2017-2019 ocupó nuevamente un escaño, también por dos períodos sucesivos.

La nueva elección de Cuba demuestra el respeto de la mayoría, por su limpia actuación en materia de Derechos Humanos, a contra pelo con las cruzadas mediáticas diseñadas y financiadas por los yanquis, para tratar de manchar su imagen, como hicieron en 1962 para expulsarla de la OEA, patraña sucia que consta en documentos desclasificados de la conocida Operación Mangosta, donde se afirma:

“El Departamento de Estado concentra sus esfuerzos en la reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA, la cual comenzará el 22 de enero 1962, esperando obtener amplio respaldo del Hemisferio Occidental para las resoluciones de la OEA que condenen a Cuba y la aíslen del resto del HemisferioName=n1070; HotwordStyle=BookDefault; … La reunión de la OEA será apoyada por demostraciones públicas en América Latina, generadas por la CIA y las campañas psicológicas asistidas por la Agencia de Información de Estados Unidos”.

Los métodos y propósitos no han cambiado, pero ya no es tan fácil engañar; hoy solo cuentan con algunos pusilánimes y sus aliados europeos, quienes demuestran su falta de soberanía para tomar decisiones propias.

Para no dejar dudas del reconocimiento a Cuba, en la votación, directa y secreta de los 193 votos posibles, votaron a favor 170 naciones. Una vez más los yanquis fueron derrotados por abrumadora mayoría.

Cuba mantiene su compromiso en la lucha por alcanzar un orden internacional, basado en la inclusión, la justicia social, dignidad humana, comprensión mutua, así como la promoción y el respeto a la diversidad cultural, algo que Estados Unidos no hace.

A los yanquis les duele no poder silenciar las acusaciones que Cuba realiza sobre sus violaciones de los Derechos Humanos, la discriminación racial, de sexo, credos e ideas políticas, como quedó demostrado en los últimos meses, en sus salvajes represiones contra quienes reclaman derechos civiles, principalmente los crímenes cometidos sobre ciudadanos de raza negra, hechos no condenados por la Unión Europea, ni la alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU.

Los yanquis no soportan que una pequeña isla del Caribe, pobre y sometida a la despiadada guerra económica, comercial y financiera más larga de la historia, presente resoluciones en favor de los oprimidos, por el derecho a la alimentación, los derechos culturales y la diversidad cultural, y los efectos de la deuda externa en el disfrute de los derechos humanos, en particular los derechos económicos, sociales y culturales.

La renovación en dicho Consejo, del mandato del experto independiente sobre la promoción del orden internacional democrático y equitativo, causó escozor entre los funcionarios del Departamento de Estados, al ver que sus presiones y amenazas no dieron resultados.

Por eso la reacción airada de Mike Pompeo, Secretario de Estado, quien disgustado censuró la decisión del organismo y con su prepotencia imperial declaró:

“Esto solo confirma que Estados Unidos hizo bien en retirarse del Consejo en 2018”.

La tapa al pomo se la puso la elección de China y Rusia para el Consejo de Derechos Humanos, algo que los yanquis jamás pensaron, pero sus presiones y reuniones con los europeos para buscar apoyo a sus pretensiones, no le valieron para alcanzar sus fines.

Otro frustrado por la elección de Cuba, fue el miembro de la mafia terrorista de Miami, el Congresista Mario Díaz-Balart, quien vociferó sus repetidas mentiras de que: “es absurda y vergonzosa, debido a las acusaciones de Estados Unidos por la persecución de activistas, tráfico de personas y su respaldo al régimen venezolano de Nicolás Maduro

Sin embargo, ante el asesinato en Colombia, de casi 1.000 líderes sociales y defensores de derechos humanos posterior al acuerdo de paz firmado en 2016, más otras fragrantes violaciones de los Derechos Humanos, el narcotráfico que inunda las ciudades norteamericanas, la violencia y represión policial contra las protestas populares ante los desmanes del gobierno de Iván Duque, los Estados Unidos hacen silencio cómplice, brindándole su apoyo económico, político y militar.

Similar mutismo hace Estados Unidos, por las violaciones de los Derechos Humanos cometidos durante la salvaje represión ante las protestas populares en Chile, contra el Gobierno del presidente Sebastián Piñera, en demostración de su doble moral.

Cuba seguirá libre en defensa de los derechos de los pobres y recuerda a José Martí cuando afirmó:

“Como la derrota consume, el éxito reanima”.

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