Código de Familias
Código de Familias

Por: Jesús Martín Abascal

Próximos al debate popular sobre el nuevo “Código de Familias”, me propongo analizar convenientemente las razones de unos y otros actores —por así definirnos para una mejor comprensión— en torno al contenido del documento. Obviamente en correspondencia directa con la nueva constitución aprobada en 2019 por la gran mayoría de los cubanos, y lo aclaro para no entrar en contradicciones conmigo mismo.

Normalmente escuchamos “así soy yo, lo que quiero es que me respeten como soy, no pido más”. Siempre he sido del criterio de que, si yo quiero que me respeten como soy, estoy obligado a respetar a los demás como son.

Particularmente considero que en materia de derechos somos principiantes y neófitos. Para no errar en la misma “arrancada” de este texto y como hago siempre que lo necesito, recurro a nuestro insigne Martí, para compartir, con los que me lean, las concepciones que, del derecho, en él se fortalecieron.

Con claridad dijo: El mejor modo de defender nuestros derechos, es conocerlos bien; así se tiene fe y fuerza: toda nación será infeliz en tanto no eduque a sus hijos”. He ahí las razones para que la Revolución desde sus primeros días dijera “Lean”. Para ello, instrumentó la campaña de alfabetización y hoy disponemos de varias universidades por provincias.

En nuestra Constitución quedó esclarecido que “nuestro derecho termina donde comienza el de los demás” y por simple aplicación de la razón inversa “el de los demás concluye donde comienza el mío”.

Entonces me cuestiono yo ¿Puedo conculcar un derecho establecido, que no daña los míos, por un problema de criterio? ¿Por qué reducir a los demás actores a la cultura que me antecede?  Si fuera esto correcto, entonces es justo que al que le estoy impidiendo ejercer su derecho, también reprima el mío.

En este sentido me valgo de otra sentencia martiana que expresa: Ni el que tiene un derecho, tiene con él el de violar el ajeno para mantener el suyo: ni el que se ve dueño de una fuerza debe abusar de ella. El uso inspira respeto: el abuso indignay en otra convicción nos dice Todo aquel que no mira por el derecho ajeno como por el propio, merece perder el propio.

Podremos o no coincidir, pero queda claro que nadie tiene derecho, en asuntos de decisión personal, de orientación religiosa, cultural, deportiva o sexual, que atañe a cada individuo en su fuero interno, tratar de impedir derecho ajeno.

La Revolución cubana -salvo en los destinos de la Patria, donde están implicados nuestro héroes y mártires en materia de principios éticos, morales y revolucionarios, y donde entran los derechos que no se pueden negociar, pues ponen en riesgo que se pierda todo lo alcanzado a costa de tanta sangre y sudor de nuestro pueblo- no impide ni impone conductas dentro de aquellos, en que la decisión personal, no les crea situaciones complejas a otros.

Considero además que, por un artículo con el que se tenga diferencias, no nos asiste la razón para votar en contra de todos los demás, incluso los que no beneficien  nuestra existencia directamente.

Pensemos, ¿cómo actuaríamos si la comunidad LGBTIQ, expresara su desacuerdo con el matrimonio heterosexual y condicionaran su apoyo al nuevo Código? ¿Éticamente como ciudadano tendrían o no el derecho de oponerse? Hay que demostrar mucha racionalidad para concebir la realidad de tal modo.

Considero que todos, desde el lugar donde nos encontremos situados, trabajamos por el bienestar de la Patria. Todos en nuestra Cuba socialista nacemos libres. Nos protegen los derechos humanos, políticos y sociales considerados universalmente, sin menoscabo del respeto que debemos a los inviolables, que también en su momento aprobamos.  

Nadie con racionalidad desconoce que hay que cuidar la unidad, la educación, el respeto mutuo, y la solidaridad humana y social.

En nuestros hospitales no interesa, incluso, la definición política de una persona que llega solicitando el auxilio de los servicios hospitalarios. A los médicos, a su medio natural de trabajo, les llega un ser humano aquejado de una afección que puede estar en sus manos aliviarla, resolverla.

Por tanto, que cada quien, dentro del marco de los sagrados principios que nos han garantizado una patria libre, independiente, soberana y solidaria con todos y para el bien de todos”, decida qué quiere ser individualmente, respetando las normas de convivencia socialmente aceptadas.

Recurro una vez más a nuestro Héroe Nacional, José Marti para compartir su consideración de que La patria no es de nadie: y si es de alguien, será, y esto sólo en espíritu, de quien la sirva con mayor desprendimiento e inteligencia”.

Y sobre derechos también observó con el ánimo de equilibrar la balanza: A quien merme un derecho, córtesele la mano, bien sea al soberbio quien se lo merme al inculto, bien sea el inculto quien se lo merme al soberbio”.

De sobras entiendo de la capacidad de análisis y valoración de nuestro pueblo, para que el proceso de debate y estudio del nuevo “Código de las Familias”, decurse de forma comprensible y armoniosa, con la convicción de que: ¡¡¡ EN ESTA CUBA SIEMPRE SERÁ POSIBLE HASTA LO IMPOSIBLE!!!

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