Debido al fracaso que sufrió Estados Unidos por impedir el triunfo de la Revolución cubana, desde 1959 no han dejado un solo día de intentar derrocarla y Cuba se ha convertido en una molesta piedra dentro de la bota yanqui, que no les deja caminar con tranquilidad.

Los presidentes declaran que Cuba no es prioridad para los Estados Unidos, pero sus acciones demuestran lo contrario y así se constata en leyes, sanciones y presiones a todas las naciones que se atreven a establecer negociaciones comerciales con la Isla, porque su programa de acciones políticas es precisamente para estrangularla económicamente, y que el socialismo no demuestre sus éxitos sociales.

Si Cuba no es prioridad para Washington, ¿por qué la obsesión de perseguir todas sus transacciones financieras, contratos comerciales y acuerdos económicos?

Prueba de ello es la persecución sobre el suministro de petróleo, maquinarias y piezas de repuesto, insumos para la industria Biofarmacéutica, azucarera, alimentaria y cuanto negocio ejecute la pequeña Isla, a pesar de no ser una amenaza para el país más poderoso de la tierra.

Recientes declaraciones de los senadores Marco Rubio y el corrupto Bob Menéndez lo confirman, al solicitar el 14 de mayo al Departamento del Tesoro, “perseguir empresas creadas por entidades no estatales cubanas, para poder adquirir combustible productos para la construcción, maquinarias y otros necesarios para el desarrollo del país”, algo que encoleriza a quienes dicen defender los derechos humanos, a la vez que refuerzan la guerra económica, comercial y financiera para ahogar al pueblo.

¿Sabrán los ciudadanos estadounidenses el dinero que gasta su gobierno en perseguir cada negociación que hace Cuba? Esa persecución conlleva para Estados Unidos desembolsar millones de dólares en pago de funcionarios, a empresas dedicadas a tiempo completo en investigar cada transacción bancaria, contratos comerciales y el flete de buques que transportan las mercancías, dinero que puede ser empleado en mejorar el bienestar de los norteamericanos, pero la Casa Blanca busca el colapso de la economía socialista y complacer a la mafia terrorista anticubana.

Cuba desde hace 60 años se ve obligada a crear mecanismos para burlar la criminal y genocida guerra económica, comercial y financiera, reforzada por Donald Trump, con el sueño de ver caer a la Revolución, pero solo incrementan el rechazo del pueblo hacia los yanquis, esos que añoran volver a tomar las riendas de Cuba, como hicieron desde 1898 hasta 1958.

Por ese motivo, todas las acciones yanquis de los últimos meses, están volcadas en presionar a la Unión Europea para que suspenda el acuerdo económico con Cuba, de ahí las campañas mediáticas de que la Revolución “incrementa la persecución a la oposición”, fabricada, instruida y financiada por la CIA, más otras falacias como la “falta de libertad de expresión” y “la religiosa”, cruzadas de prensa que también cuestan cientos de miles de dólares, solo para crear matrices de opinión entre la población mundial.

Sin embargo, esos senadores e incluso algunos periodistas que reciben dinero para sus artículos e investigaciones contra la Revolución cubana, hacen silencio sobre los asesinatos en Colombia, Chile e Israel, por solo citar tres ejemplos.

En Cuba después del derrocamiento de la tiranía de Fulgencio Batista, jamás han sucedido represiones policiacas como se observan en los países mencionados, pero Estados Unidos nunca ha sancionado a Colombia, Chile o Israel por las masacres y las salvajes represiones que comenten.

¿Dónde están los sentimientos de esos senadores que no acusan a Israel por los asesinatos de centenares mujeres y niños palestinos?  ¿Por qué no se cuestionan el veto permanente de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad de la ONU, a todas las resoluciones que se presentan contra los crímenes de los sionistas?

Mucha hipocresía y desvergüenza tienen esos senadores que hacen carrera política a costa del sufrimiento del pueblo cubano, en vez de preocuparse por el dinero malgastado para fabricar y mantener a una supuesta oposición, que vive de los dólares yanquis.

Ni una sola palabra dicen contra el régimen de Iván Duque, que masacra a líderes campesinos que luchan contra la violación de los derechos humanos, ni por la represión dictatorial que ejecuta contra el pueblo que exige mejoras en su nivel de educación, de salud y mayores oportunidades de trabajo.

¿Marco Rubio y el corrupto Menéndez, no tendrán oídos para escuchar los reclamos de los valerosos pueblos palestino, colombiano y chileno?  

El odio contra Cuba es tan desmedido que atacan hasta los emigrados, como se observa en la demanda presentada días atrás, por la compañía Francisco Sugar Company, ubicada en la Florida, contra ASR Group International, Inc, que forma parte de emporio empresarial de la familia Fanjul, ex propietarios del negocio azucarero cubano antes de 1959.

Evidencia de la persecución enfermiza de los yanquis, es la acusación antes mencionada, basada en la supuesta violación de los hermanos Fanjul, del Título III de la Ley Helms-Burton, puesto en vigor por Trump, por el presunto “tráfico” de azúcar producido en un central confiscado por el gobierno revolucionario, la que, según los demandantes, fue exportada desde un puerto cubano a una refinería de los Fanjul en Londres, acusación que se asegura es falsa.

El único propósito de esa demanda es asustar a los inversores extranjeros con la llamada Ley, la cual hasta la fecha no ha ganado una sola de las reclamaciones presentadas ante los tribunales.

La guerra desatada en los últimos meses contra Cuba es brutal y va desde la falsa represión a los “disidentes”, “arrestos arbitrarios”, las teatrales “huelgas de hambre” y las provocaciones a las autoridades para ser reprimidos, como si 62 años de enfrentar las mismas acciones pagadas por Estados Unidos, no dieran suficientes experiencias para sortearlas victoriosamente.

Ante tantos fracasos, ahora pretenden vincular a los masones cubanos, y para eso reclamaron el apoyo de la Gran Logia Unida de las Antillas, en Miami, compuesta por masones cubanos emigrados, a quienes orientaron confeccionar una carta, donde acusan al Gran Maestro de la Logia de Cuba, Ernesto Zamora, de: “tener una actitud servil y cobarde, al callar ante el dolor y sufrimiento del pueblo que carece de lo más mínimo, hasta del agua para poderse asear, o de un digno plato de alimentos para el consumo familiar, unido al incremento de la represión y la crisis económica que padece la isla”.

¿Por qué no confiesan los masones de Miami, quien fue el funcionario yanqui que les ordenó hacer esa carta, contra sus hermanos de la Isla?

Nunca han tenido el coraje de condenar la despiadada guerra económica, la introducción en Cuba de gérmenes patógenos para infestar a personas, animales y la flora, ni tampoco el reclutamiento que hiciera la CIA años atrás, a un prominente masón cubano para que le informara sobre aspectos de la situación de la Isla, que podían afectar su seguridad nacional.

Basta de propaganda y reconozcan que el problema real es que Estados Unidos no soporta que el valeroso pueblo de una pequeña nación, se enfrente y resista unido, 62 años de agresiones del poderoso imperio yanqui.

Visionario fue José Martí en 1891, cuando expresó:

“Los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas”

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