Foto: Internet

A Celeste, Claudia, Esther y Melisa solo se les puede ver a través de un cristal en el Instituto de Medicina Tropical “Pedro Kourí” (IPK Cuba) y después de someterse a un complejo protocolo de seguridad.

Ellas comparten 24 horas seguidas con la COVID-19 y necesitan una alta concentración, pues el virus pasa por sus manos y no se pueden equivocar.

Gracias a ese arriesgado trabajo, cada día se sabe si una persona en Cuba padece o no de una pandemia que amenaza a toda la humanidad. Lo mismo ocurre en otros dos laboratorios en Villa Clara y Santiago de Cuba.

Melisa. Foto: MINSAP.

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