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Solo en la intolerancia de los que rabian por el derroche solidario de una Isla socialista para el mundo, puede explicarse la absurda y falsa campaña de descrédito que contra los médicos cubanos pagan y alientan los enemigos de la Revolución.

Póngase atención. Si se eleva el volumen de otra de esas «pataletas» conocidas, es porque algún gesto de amor colaborativo e internacionalista Cuba ofreció. Así pasó este jueves, cuando 85 profesionales de la Salud arribaron a Perú, casi a la vez que partían otros dos contingentes hacia la hermana tierra africana de Guinea Conakri y al lejano Kuwait, todos para sumarse a los esfuerzos nacionales en el enfrentamiento a la pandemia de la covid-19.

Pero, así como el mundo da la espalda a los que vociferan mentiras, mientras se eleva cada vez con más fuerza la propuesta espontánea de conceder a estas brigadas el premio Nobel de la Paz, se oyen más intensos los mensajes de gratitud y reconocimiento.

En Perú, por ejemplo, a donde llegó el grupo primero –en una especie de evocación histórica a la ayuda emergente que hace medio siglo diera la Mayor de las Antillas al país devastado por un terremoto–, fueron inmediatas las reacciones de bienvenida; tanto de innumerables ciudadanos en Twitter, como de la Asociación de Graduados en Cuba, la Confederación General de Trabajadores de Perú, y el propio Partido Comunista Peruano, que reverenció el gesto del pueblo y el Gobierno antillanos, al publicar: «¡Gracias, Cuba socialista!».

Casi al unísono, pocas horas después de que el Departamento de Estado de Estados Unidos anunciara nuevas medidas que recrudecen el bloqueo, Cuba protagonizaba otro desprendimiento de altruismo: a Guinea Conakri, 11 galenos y diez enfermeros; a Kuwait, un contingente grande de 298 cooperantes.

La infamia, muchas veces, no necesita palabras de respuesta, si hay hechos contundentes que la callan.

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