Foto: Perfil en Facebook del entrevistado

Boga, boga, boga, vuelve a bogar

Boga, boga, boga a trabajar.

Silvio Rodríguez.

“¡Aunque nadie nos oiga aplaudiremos aquí!”, acordaron la tarde del domingo 29 de marzo los ocho tripulantes cubanos del buque Helle Kosan, contratados por la naviera danesa Lauritzen Kosan.

Horas después, justo a las 9:00 p.m. los aplausos irrumpen en el puente de mando del gasero (donde se gobierna la nave y se encuentran los controles de navegación, de dirección y otros equipos). Navegaban al norte de la Isla de Trinidad, con mar tranquila, viento del noroeste y a 15 nudos de velocidad.

Aplauden para honrar a todo el personal de salud que en Cuba y el mundo se aferra a salvar vidas y detener al mortífero Covid-19. A esos que rozan el peligro y se sobreponen al miedo por el placer de curar.

El escenario tiene una connotación especial: el mundo se debate entre la vida y la muerte. Ellos están lejos de casa, hace dos meses que no pisan tierra, y las esposas de dos de ellos —el capitán y segundo oficial del buque— son médicas… El elogio a los galenos mueve sus fibras. Estremece. Y un dolor cortante les atraviesa la garganta. Quieren tragar, pero les cuesta. Por un instante el silencio se apodera del buque gasero.

Esa noche inicial, se les unieron seis filipinos, quienes también aplaudieron por los suyos. Los asiáticos comparten la angustia de la pandemia, que al día de hoy (4 de abril) ha azotado a 3 218 compatriotas suyos y ya lleva 136 muertos, algunos médicos.

Esta historia del gasero Helle Kosan es contada por Eduardo Garayta Ruíz, un cubano de 64 años. Hace dos meses partió de su hogar, en el habanero municipio de Diez de Octubre, con la certeza que a mediados de mayo estaría de vuelta. Ahora sabe que no será posible.

El buque VS. COVID-19

A Garayta nunca lo he visto en persona, lo conocí por Facebook. Su foto de perfil deja ver a un hombre maduro, apertrechado de casco, gafas, nasobuco y guantes para su protección. Sobresalen en él sus anchas cejas negras y un tatuaje en el antebrazo derecho con un timón y un ancla de marino, símbolo de sus 42 años por los mares.

Su mirada revela preocupación. No es para menos, vivimos tiempos dramáticos. El buque transporta gas en el Caribe y él responde como Primer Oficial. Es responsable de la seguridad de la vida humana a bordo, las operaciones de carga o descarga, el mantenimiento del barco y un largo etcétera.

Los cubanos que allí navegan pertenecen a la empresa Selecmar, entidad del Ministerio de Transporte en la Isla, a través de la cual fueron contratados por la naviera danesa Lauritzen Kosan, la misma que extrema medidas para proteger a su tripulación del Covid-19. Por eso ha decretado que NADIE entra al barco, ni autoridades aduaneras ni personal ligado a las operaciones de carga.

La tripulación está obligada a usar nasobucos, guantes reciclables, gafas y overoles de protección. Además, deben tomarse la temperatura dos veces al día y registrarla por escrito. A su rutina diaria se ha sumado la desinfección del barco con productos especiales para ese fin.

Aun así, Garayta toma sus propias precauciones:

“Al entrar o salir a cubierta introduzco las botas de trabajo en recipientes con cloro, la ropa de trabajo queda afuera. Los guantes se botan en bolsa plásticas, lavo mis manos por 45 segundos las veces que sean necesarias. Mantengo la distancia social en el puente de mando de los Prácticos del Puerto, uso toda la protección disponible y siempre desinfecto el lugar cuando termino las maniobras”.

Desde Dinamarca, la Compañía está al tanto de la salud de cada miembro de la tripulación –cubanos y filipinos-, les circulan cada día boletines informativos y, mediante el ir y venir de mensaje electrónicos, les asesoran.

Cuba en la distancia

—¿El suministro y avituallamiento del buque se han visto afectados?

—No, se hace como siempre por los suministradores en los puertos, pero mantenemos el distanciamiento social y toda la documentación corre por mail.

—¿Cuál es el ambiente de la nave?

—Pese a la preocupación por la cantidad de fallecidos en el mundo, hay buen ambiente. Recuerda que no podemos ser relevados en mayo, como estaba previsto. Los contratos vencen, pero las fronteras están cerradas. Habrá que aguantar hasta que la situación mejore y el mundo vuelva a la normalidad. Mientras tanto hacemos nuestras labores diarias, el trabajo no para a bordo; hay que seguir operando en la actividad comercial.

—¿De qué recursos se valen para mantener la calma?

—Estamos acostumbrados a estar en el mar, es parte de nuestras vidas. Solo que antes sabías cuándo regresabas a casa y ahora no. Reunirnos y conversar nos reconforta, todos somos amigos desde hace muchos años. Nuestras relaciones humanas son excelentes. Cubanos y filipinos somos una gran familia.

—¿Escuchas música?

—No me lo vas a creer. Reguetón: Gente de Zona, Jacob Forever, Ozuna. También Descemer Bueno, Buena Fe y otros muchos.

—¿Cómo te mantienes informado de la situación en Cuba?

—Por Cubadebate, el Noticiero de la Televisión Cubana, por Facebook y el contacto con la familia.

—¿Le pides algo?

—¡Que se queden en casa!

—Volviendo a los aplausos, ¿qué sentiste?

—Una emoción tremenda e impotencia por no estar en Cuba ayudando a la familia.

La tradición

El lunes 30 de marzo, la tripulación del Helle Kosan volvió a aplaudir, esta vez a petición nuestra filmaron ese instante. Lo enviaron con una nota: “Esto fue por todos los que luchan en el mundo por salvar vidas”.

Así, cada noche en la soledad del mar, el buque gasero aplaude junto a la familia cubana, cuando en La Habana se escucha el cañonazo que otrora anunciara el cierre de las murallas de la ciudad. ¿Llegará a convertirse el aplauso en un ritual en estos tiempos de pandemia?

También desde sus naves, los marineros luchan por sostener la vida. A ellos les debemos el suministro de comida, combustible, medicina. Atrapados ahora en alta mar, sin pisar tierra, ellos van de puerto en puerto transportando mercancías. Llegue entonces el reconocimiento de nuestras palmas a los cientos de miles de buques que, como el Helle Kosan, no claudican.

Tomado de Cubadebate

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