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No hay dudas que el actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, califica entre los peores de la historia y sus medidas criminales contra Cuba marcan records, quizás solo superado por el demócrata John F. Kennedy, quien acumula múltiples acciones, al ser autor del inicio de la guerra económica, comercial, financiera y biológica, la manipulación subversiva de la migración cubana, programas de terrorismo de estado y subversión política, planes de asesinato contra los máximos líderes y la fracasada invasión por Bahía de Cochinos, entre muchos más.

El próximo 20 de enero 2021, deberá tomar posesión el demócrata Joe Biden y se espera que asuma otra dirección en cuanto a la política hacia Cuba, no para abandonar la pretensión de cambiar el sistema político, económico y social, pero quizás no continuar con la escalada de tantas medidas de esa cruel guerra económica que afectan al pueblo cubano, aunque nadie debe hacerse ilusiones, porque la política yanqui es estructural y no partidista.

Para abrir bien los ojos, poner los pies sobre la tierra y no caer en falsas esperanzas, Jake Sullivan, el próximo Consejero de Seguridad Nacional designado por Joe Biden, acaba de presentar lo que pudiera ser la futura posición de la nueva administración, al darle continuidad a la tradicional injerencia de Estados Unidos en los asuntos internos de Cuba. En su primera declaración en twitter, pidió al Gobierno cubano que libere a los manifestantes del denominado Movimiento San Isidro y otros elementos contrarrevolucionarios en la Isla, sin conocer realmente quienes son sus integrantes.  

Sus palabras exactas fueron:

“Apoyamos al pueblo cubano en su lucha por la libertad y nos hacemos eco de los llamamientos para que el gobierno cubano libere a los manifestantes pacíficos. Se debe permitir al pueblo cubano ejercer el derecho universal a la libertad de expresión”.

Es la prolongación de una posición histórica de Estados Unidos contra el sistema socialista y en el caso de Cuba iniciado mucho antes del triunfo de la Revolución en 1959.

Documentos históricos de la CIA afirman que, a mediados de los años 50 del siglo XX, su Estación en La Habana dirigía siete proyectos de contrainteligencia, la mayoría dirigidos contra el Partido Socialista Popular y financiaba agentes encubiertos ubicados en la sociedad civil de entonces.

De conjunto con los órganos represivos del gobierno de Fulgencio Batista, la CIA aplicaba en la Isla modernos recursos técnicos secretos para labores de seguimiento de personas, control telefónico y escucha microfónica, contra cubanos que militaban en movimientos revolu­cionarios y progresistas del país. 

En enero de 1959, en uno de los archivos de las oficinas del SIM, Servicio de Inteligencia Militar batistiano, se ocupó un listado donde se encontraba un teléfono privado de la embajada de Estados Unidos en La Habana y los nombres de cinco diplomáticos con sus respectivas credenciales del SIM; estos eran: Charles Edward Wilson, Albert George Vaughan y David S. Morales, los tres oficiales CIA con fachada diplomática, más John Joseph Wachter, agente especial FBI con fachada de agregado legal y Elton T. Prather, oficial de Inmigración.

Por el rechazo a que Cuba tuviera una posición de soberanía, el 23 de diciembre de 1958, Allen Dulles, el entonces director de la CIA, afirmó duran­te una reunión del Consejo Nacional de Seguridad: “Es necesario evitar la victoria de Castro”, al considerar que una victoria de Fidel Castro, no estaba entre los mejores intereses para Estados Unidos.  

La historia reafirma esa intolerancia hasta nuestros días, y así lo reflejan todos sus programas subversivos, entre ellos el Proyecto Cuba, aprobado en febrero de 1962, que expone:

“El objetivo de Estados Unidos es ayudar a los cubanos a derrocar al régimen comunista en Cuba e instaurar un nuevo gobierno con el cual Estados Unidos pueda vivir en paz. La sublevación necesita un movimiento de acción política fuertemente motivado y arraigado en Cuba, capaz de generar la rebelión, de dirigirla hacia el objetivo perseguido y de aprovecharse de su momento clímax”.

“El clímax del levantamiento saldrá de la reacción airada del pueblo ante un hecho gubernamental, producido por un incidente, de un resquebrajamiento en la dirección política del régimen, o de ambos incluso. Desencadenar esto debe constituir un objetivo primordial del proyecto. El movimiento popular aprovechará el momento del clímax para iniciar un levantamiento abierto.  

Precisamente este objetivo es el que persigue ahora Estados Unidos con el llamado Movimiento de San Isidro, y por eso las declaraciones del Secretario de Estado, del propio Presidente y de los senadores Bob Menéndez y Marco Rubio, además del apoyo de su embajada en La Habana.

Siempre han trabajado por fomentar una sublevación popular y la concentración de personas frente al Ministerio de Cultura pidiendo la liberación de uno de los llamados “artistas” de San Isidro, sin saber realmente quienes son esas personas financiadas por Washington, ilusiona a los yanquis, como hicieron en junio de 1960 cuando los diplomáticos estadounidenses Edwin L. Sweet y Willam G. Friedman, fueron sorprendidos y detenidos por la Seguridad del Estado en una residencia ubicada en el reparto Miramar, mientras instruían a varios cabecillas contrarrevolucionarios en la ejecución de actos subversivos.

Horas después ambos abandonaron la Isla, al ser declarados personas Non gratas, por violar las leyes internacionales e inmiscuirse en los asuntos internos de Cuba.

Nada cambiará en las relaciones con el imperio. Ellos no aceptan que exista una Revolución socialista a 90 millas de sus costas, por considerarlo un mal ejemplo para otros países del hemisferio, gobierne un presidente republicano o un demócrata, la vida lo confirma y Joe Biden no será la primera excepción. Que nadie se haga falsas ilusiones.

Preclaro fue José Martí cuando aseguró:

“De esa tierra no espero nada más que males”

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