Internet
Internet

Por: Fernando Buen Abad

Para esconder su basura ideológica, bajo el tapete del palabrerío electorero, las derechas han inventado una guerra fría de coyuntura confeccionada a medida de su desesperación. Son destellos de mediocridad consustancial en las jaurías corruptas que la burguesía adiestra para asegurarse el hurto de los recursos naturales y el salario de la clase trabajadora. Les llaman políticos para ensuciar a la política.

Esa operación de propaganda simplona, barnizada con odio de clase, sale del «ingenio» táctico y estratégico de los laboratorios de guerra ideológica disfrazados, a su vez, como think tank o agencias de publicidad. Ahí se devanan los sesos articulando frases y sofismas cuyo propósito incluye sembrar confusión, cristalizar desprecios y personificar odios bajo un etiquetado falaz sacado de los estereotipos más gastados y más añejos. Rancios.

Su ecuación ideológica no es más que un ataque artero contra un sector de la población que ha sido despojado de su derecho a la educación política básica y que es obligado, por la vía de la propaganda conservadora, a vincular la palabra comunismo con miedos paradojales: «los comunistas te quitarán todo». Eso, dicho a un pueblo ya despojado históricamente por el capitalismo.

A eso contribuyen no pocos «intelectuales», «periodistas», «académicos» y estafadores publicistas de las derechas que, desde su ignorancia funcional, incapaces de entablar análisis serios sobre la historia misma del comunismo, sus expresiones e interpretaciones más diversas, incluyendo las desviaciones y degeneraciones que en su particularidad no representan la totalidad, teórica y práctica, de una categoría política cuya influencia planetaria constituye un aporte crucial para la salida definitiva del capitalismo. Y esa es la razón del financiamiento y el despliegue que, en la coyuntura actual, como en otros antecedentes, deleita a las burguesías. Desde la aparición del Manifiesto del Partido Comunista en 1848.

El capitalismo convierte todos sus miedos en armas de guerra, incluso, ideológica. Una de esas armas trata, básicamente, de fabricar calumnias, de fabricar mentiras sobre la política y los objetivos del pensamiento comunista y, fundamentalmente, luego de satanizar toda revolución de los trabajadores, desprestigiar y enlodar las ideas de Marx-Engels y Lenin, Trotsky… entre otros. Gastan fortunas en eso. Como diría el Comandante Fidel Castro: «¿Quién ha dicho que el marxismo es la renuncia de los sentimientos humanos (…)? Si precisamente (…) fue el amor al hombre, a la humanidad, el deseo de combatir la desdicha del proletariado, el deseo de combatir la miseria, la injusticia, el calvario y toda la explotación sufrida por el proletariado, lo que hace que de la mente de Carlos Marx surja el marxismo cuando, precisamente, podía surgir una posibilidad real y más que una posibilidad real, la necesidad histórica de la Revolución social de la cual fue intérprete Carlos Marx. Pero, ¿qué lo hizo ser ese intérprete sino el caudal de sentimientos humanos de hombres como él, como Engels, como Lenin?».

Incluso, en buena parte del conservadurismo, el liberalismo clásico y el neoliberalismo… han organizado sus propias arremetidas anti-comunistas. Todos ponen, todos abonan. Son esas las fuentes que han financiado escuelas, bibliotecas y hasta «sabios» dedicados sesudamente a inyectar anticomunismo al «pensamiento intelectual». Dicen los anticomunistas que el marxismo está desacreditado, obsoleto, muerto y enterrado. Que el marxismo es utópico, que el marxismo fracasó. Que el marxismo es un dogma, una fe religiosa, un mesianismo. Que los comunistas son degenerados, autoritarios, sospechosos, inmorales, irrespetuosos, haraganes, apátridas, asesinos, que tienen malos modales, que son ateos, hippies, promiscuos, enfermos…

El anticomunismo, que debe ser denunciado siempre, especialmente cuando se presenta como ofensiva ideológica marrullera disfrazada de maneras electorales. Están poniendo de moda sus «comunismos» falsos, ideados por el anticomunismo, para desprestigiar al comunismo. Como el ladrón que acusa de ladrones a todos. Como el corrupto que denuncia la corrupción para seguir corrompiéndolo todo. Se ha usado el término para mil propósitos, entre propios y extraños, para la descalificación y para la confusión, para aclarar o para enturbiar. En la campaña política enmascarada como guerra fría electoralista ha dejado un campo minado que debe cruzarse con mucho cuidado y mucha claridad. Es necesario desplegar una ciencia política, descolonizada, muy activa, muy cercana a los pueblos y capaz de poner orden en las definiciones y en la praxis.

Tomado de Granma

Dejar respuesta

¡Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí