Internet
Internet

Por: Luis A. Montero Cabrera

La pregunta que encabeza este artículo puede ser respondida de muchas formas, quizás tantas como más de 11 millones, todas diferentes. Los cubanos estamos en Cuba y también en todo el mundo y allí donde nos encontremos siempre portamos la marca del sitio que nos vio nacer y ser, y con un orgullo extraordinario para la inmensa mayoría. También hay cubanos que no nacieron en Cuba, pero han heredado nuestra conciencia personal y social de sus padres o de haber vivido en esta isla en momentos decisivos de su existencia. También se es cubano de esa forma.

La mejor forma para lograr que un sistema de gobierno sea justo, útil y logre la participación de todos, o al menos de la mayoría, es si se conoce cuáles son las preferencias, deseos, problemas, normas de bienestar y rasgos idiosincráticos de la mayoría. Durante una gran parte de la historia humana se ha desconocido este principio, y por ello han predominado las autocracias, incluso disfrazadas de democracias, que sostienen el poder de una persona o un grupo poderoso de la sociedad sobre el resto, basándose en la fuerza y el engaño masivo.

En el oeste de Eurasia, con un papel protagónico en la cuenca norte del Mediterráneo, fueron depurándose ideas y formas de gobernar que reflejan la natural tendencia de nuestra especie para supervivir. Ya en la Grecia de luces y esclavos bautizaron a la democracia, aunque solo fuera para una parte influyente y propietaria de las personas. Y en los siglos XVIII y XIX se depuraron más las ideas llegándose a concebir e implantar sistemas basados en la proclamación de la igualdad de todos los seres humanos, aunque al final aparecieran algunos “más iguales que otros” en dependencia de sus condiciones de propietarios o no de los medios de producir valor.

En esas condiciones y hasta nuestros días, las preferencias que han predominado para sostener los sistemas de gobierno han sido justamente las de las personas más influyentes y poderosas. Los gustos y estilos que las conforman se han estado trasmitiendo por los medios monopolizados por grupos de poder. Los seres humanos al informarnos seguimos los criterios que más nos lleguen y que tengan posibilidades de ser creídos, aunque sean mentira.

Pero la democratización de la información que inevitablemente trajo la aparición de internet, que provocara el comentario de Fidel de que “estaba hecha para nosotros”, ha convertido en algo vital para cualquier sistema de gobierno el conocimiento de cómo es la gente, de que prefiere, de lo que los hace sentirse bien y lo que les provoca rechazo. Además, el carácter masivo e interactivo de ese sistema de comunicación hace mucho más compleja la capacidad de trasmitir ideas, porque lo mismo se escuchan y siguen las más positivas para el ser humano que las más negativas. Se puede emitir un criterio que demuestre la absoluta igualdad de todos los seres humanos y ser abrazado, y también otro que exprese la superioridad de algún grupo étnico, ideológico, político o religioso sobre los demás y hacerse popular. Es la profesionalidad de los comunicadores una protagonista importante en la asimilación de lo que se quiera trasmitir, independientemente de lo atractivo que sea.

Antes podíamos estar convencidos por una determinada teoría o doctrina y adscribirnos a ella sin miramientos, incluyendo aquéllos aspectos que no entendiéramos bien. Así ha ocurrido con muchas religiones y hasta con las corrientes que se denominaron marxistas – leninistas del siglo XX, en muchos casos aprovechando que ni Marx ni Lenin estaban para confirmar o rechazar muchas de sus elaboraciones. La “planificación socialista” es un buen ejemplo de algo inventado “a posteriori” para bien y para mal y que nunca fue concebida por los fundadores.

Las formas que la ciencia ha ido depurando para llegar a las mejores verdades acerca de la naturaleza y la sociedad adquieren ahora un papel determinante. Un sistema de gobierno verdaderamente popular, de los humildes y para los humildes y en el siglo XXI tiene que basarse en una interacción muy intensa y eficiente con todos. Esto es tanto para trasmitir lo mejor del pensamiento justo, democrático y libertario, logrando su asimilación, evitando falsas liturgias, como para influir, conocer y reaccionar a lo que las personas prefieren, sus problemas, sus añoranzas, sus ambiciones, sus gustos. La ciencia nos dice que este proceso no puede realizarse con límites dogmáticos preconcebidos. La verdad científica es independiente de los deseos y preferencias del experimentador. Si un concepto de gobierno social parece justo, ha sido útil, y dado resultados para el bienestar de todos durante un tiempo, puede que unos años después algunos de sus aspectos queden obsoletos y tengan que modificarse para que permanezca lo esencial. Lo que nunca puede ocurrir es que deje de responder a las expectativas de un pueblo en el que las aspiraciones evolucionan y que tiene una capacidad cada vez mayor de ser influenciado por ideas de cualquier tipo, si se ajustan a los gustos individuales de cada uno.

Si algún programa o proyecto de investigaciones científicas sociales es de absoluta prioridad hoy debe ser el de saber cómo somos los cubanos, que nos gusta y que no, que necesitamos y que no, cuales mensajes de los medios son más penetrantes y cuáles no, como se manifiestan estas preferencias en dependencia de si vivimos en La Habana, en Guantánamo, en Madrid, en Miami o en Rio de Janeiro. Y los resultados de estas investigaciones deben ser públicos, aunque puedan no ser los deseados. Un problema que se desconozca, oculte o ignore a sabiendas nunca se podrá resolver. Las fuerzas que buscan el bienestar de unos pocos a costa de los demás se saben estos procedimientos muy bien porque están entrenados en la comunicación del mercado, donde triunfan y se venden los productos que mejor influyen y cumplen con las expectativas, muchas veces creadas artificialmente, de los consumidores.

La Revolución Cubana se encuentra en un momento coyuntural donde nuestro mayor enemigo en realidad puede ser una incomprensión de estas realidades y por ello no actuar en consecuencia. Los funcionarios del aparato del estado y muchas de sus estructuras tenderán siempre a operar como siempre lo han hecho. Su tendencia natural será seguir los cánones que en otros tiempos les han permitido sostenerse. Ahora las cosas son diferentes. Aquéllos que no comprendan la necesidad de innovar basados en el conocimiento, yendo a las verdaderas raíces libertarias y democráticas del socialismo, cambiando verdaderamente todo lo que debe ser cambiado para lograr una sociedad sin explotación del hombre por el hombre, justa, con oportunidades y derechos para todos por igual, sin distinción alguna, libre, estarán conspirando contra esos principios. El 17 de noviembre de 2005 un visionario que protagonizó esta Revolución nos advirtió en su testamento político que el fracaso solo lo podremos engendrar nosotros mismos con los propios errores.

Tomado de CubaDebate

Dejar respuesta

¡Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí