Foto: Internet

Cada 28 de octubre se tiñe el mar de pétalos, lanzados desde el dolor y la alianza con la memoria a la que no es posible renunciar.

Nos asisten tus palabras, aquellas inolvidables que pronunciaste ante el pueblo, a dos días de tu hasta siempre, las que denunciaban la crueldad de las bombas que desde entonces se empeñaba en lanzar el Gobierno de Estados Unidos para exterminar la naciente Revolución,

las que citaban al poeta y aseguraban, en plurales voces, lo que pasaría si la bandera cubana, en el mayor de los absurdos, llegara a ser, algún día destrozada por sus enemigos.

Llega tu voz en ese mes de hondos dolores, cada vez más firme, cada vez más enérgica, cada vez más necesaria cuando los obstinados propósitos del mal y la codicia se niegan a aceptar, ¡los pobres!, que en la Cuba que fundaste, no hay camino de regreso.

Pero hoy es 6 de febrero, y el modo de acompañarte, en tu 88 cumpleaños, tiene forma de sonrisa. Se aprieta la razón al pensarte niño, caminando por las calles de tu Lawton modesto y natal, donde descubriste que era noble defender a los más frágiles, donde el deporte se te enquistó en las pueriles pasiones, donde el arte se te hizo hechizo.

De la llama que iluminó tu pecho bien sabe la historia, la que te lleva en su regazo y conoce los buenos modos en que supiste conquistarla, sin presunciones ni arrogancias, enfrentando al esbirro, batallando por la justicia, sumándote a Fidel, integrando el honroso equipo de los expedicionarios que rajaron la niebla turbia para cambiar lo inadmisible.

Te sabemos en la Sierra, conocemos tus anécdotas, te miramos junto al Che, hemos reído con tus cosas, y vibrado ante tu intrepidez de Héroe y Señor de la Vanguardia. Pero hoy, que como en aquel febrero vuelves a nacer, te sentimos niño y entre los niños, los que te aprenden en versos, los que riman tu carácter, tu sombrero, y tu admirable mixtura de paloma y león.

¡Cómo no evocarte, Camilo, hoy que es día iluminado! ¡Cómo no tocar tu alma, viva como tu vida, la que venció para siempre tu muerte, cuando la flor fue más que el adiós! Hoy tu risa, símbolo de tu generosa estirpe, estalla en tu Patria, como una victoriosa carcajada.

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