Cibermentiras en motorinas
Cibermentiras en motorinas

Por Juan Fernández López

Entre enero y noviembre de 2021 se han esclarecido 281 denuncias de robo de motorinas y se han recuperado 186 de esos medios, los cuales fueron devueltos a sus propietarios legales, de acuerdo con datos oficiales.

El país tiene esclarecido el 60% de los hechos violentos con intenciones de apoderarse ilegalmente de motos eléctricas y los autores asegurados en prisión, por lo que no se puede hablar de impunidad y mucho menos inseguridad o de un “clima de pánico” en las grandes ciudades cubanas, como cacarean por estos días sitios cibermercenarios, que en su frustración tratan de aguarle la fiesta a los demás.

No sorprende que en medio los fracasos de la guerra subversiva incrementada y por asfixiar a nuestra economía en 2021, el gobierno de los EE.UU. y sus asalariados del terrorismo mediático incorporen a sus macabros boicots contra el turismo y los viajes a la Isla todo tipo de ataque a la imagen Cuba, como lo hicieron en los 90 con bombas, infiltraciones, ametrallamientos desde el mar, violaciones del espacio aéreo, flotipandilleros y mucho más. Suman nuevas estratagemas a viejas prácticas.

Un día los cibermercenarios “matan” a una motorista inexistente y el globo echa a volar, cruza el Atlántico, lo hacen llegar hasta la mismísima Europa, se pasea por los principales titulares de periódicos, noticiarios radiales, telediarios, sitios repetidores de la CIA en Internet y puede que se pose sobre el Parlamento.

Quizás nunca se diga en esos espacios que en Cuba se mueven hoy cerca de 200 000 motos eléctricas, que en corto tiempo han contribuido al mejoramiento de la calidad de vida y al movimiento cotidiano de sus ciudadanos, gracias a las facilidades dadas por las autoridades para su importación o adquisición en el país, algo contrario al propósito obstaculizador imperial y mafioso de la Florida. Mucho menos van a decir que a pesar de las limitaciones económicas provocadas por el bloqueo, la pandemia y la crisis mundial, se realizan esfuerzos para inscribir oficialmente en el más breve posible la cifra creciente de ese tipo de vehículo, lo que indudablemente contribuirá a su mejor control y a la disminución de los hechos ilícitos.

Esas verdades están prohibidas para las plataformas mediáticas anexionistas de Miami, que viven de los presupuestos subversivos de la Casa Blanca contra Cuba,  por lo que es obligatorio ocultarlas y tratar de que la gente en el exterior sigan pensando en los coches tirados por caballo esperando en las afueras de los aeropuertos, como confiesan algunos que llegan al país por primera vez, tras décadas de intoxicación por el barraje de mentiras. 

Lo que sí está autorizado -y se paga bien- es inventar o magnificar acontecimientos dentro de Cuba que cumplan con las indicaciones de los servicios de inteligencia estadounidenses, dirigidas a confundir, crear dudas, temor o terror, desconfianza o hacer creer que un accidente del tránsito por común que sea, es consecuencia no de las negligencias de un conductor, sino de las “inconsecuencias de un gobierno fallido”, al que también acusan de propiciar el racismo, los feminicidios, la trata de personas o el narcotráfico.

Este 1ro de enero se cumplen precisamente 63 años de enfrentamiento y victorias ante tales planes, que han tenido ropajes y disfraces de todo tipo, con calibres de baja y alta intensidad, invasiones que terminaron en intercambios por alimentos, bandidaje, empleo histórico de la delincuencia como quinta columna para crear situaciones, pretextos o escándalos, poniéndole etiquetas de presos políticos después de asesinar, robar o violar. Como los globos de hoy, decenas de miles de delincuentes cruzaron el estrecho de la Florida desde aquella primera  madrugada de 1959.

Los iniciadores iban con mucho dinero robado al pueblo y las manos llenas de sangre por más de 20 mil cubanos asesinados por la dictadura de Fulgencio Batista. Detrás los oligarcas, terratenientes, chulos, mafiosos, capos de las drogas y la prostitución; delincuentes comunes y matones. Todos recibieron abrigo con toda impunidad y así luego ingresaron a las filas del ejército, la Agencia Central de Inteligencia, o la lista de sicarios y mercenarios utilizados contra América Latina.

Cuba no es el país de delincuentes que quisieran e inventan en los medios, los que desde Estados Unidos promueven la violencia y la ilegalidad. Las cibermentiras tienen patas cortas y se estrellan contra las montañas de verdades de uno de los países más seguros del mundo, una conquista sagrada que está de cumpleaños.

Dejar respuesta

¡Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí