Foto: Internet

El 28 de octubre de 1959, a las 6:01 pm, salió del aeropuerto de Camagüey, el avión bimotor, marca Cessna 310 con el número 53, de cinco plazas.

Conducía al Jefe del Estado Mayor del Ejército Rebelde, Comandante Camilo Cienfuegos; al piloto Primer Teniente Luciano Fariñas Rodríguez, y al soldado rebelde Félix Rodríguez. El avión nunca llegó a su destino, Ciudad de La Habana.

Turbulencias a la hora del despegue entre Ciego de Ávila y Matanzas hacían temer un trágico accidente.  La búsqueda del avión se inició inmediatamente en la zona de Sagua a Remedios, los cayos Fragoso o Francés, y la mitad norte de la provincia de Las Villas. También, en la sección meridional de esa provincia, desde Zaza del Medio hasta la parte cenagosa del extremo sur.

Fidel y el Che, personalmente, participaron en la búsqueda: el máximo dirigente de la Revolución en el avión ejecutivo Sierra Maestra, y el guerrillero argentino-cubano en un avión C-46. El hermano de Camilo, capitán Osmani Cienfuegos, acompañaba a Fidel. Al frente de las operaciones de las Fuerzas Armadas se encontraba el Comandante Juan Almeida Bosque. El mar fue surcado por varias embarcaciones pesqueras y por tierra, se movilizó todo el mundo, de acuerdo con el diario Revolución.

“Se hicieron unas cuadrículas para organizar la búsqueda y que esto fuera más certera, pero a veces hasta nos íbamos de las cuadrículas, volamos casi rasando la tierra y el mar. Había que verle los ojos a Fidel, cómo buscaba queriendo encontrar. De momento me decía:¡ tírate ahí mismo!, cómo, si no hay pista… Pero él insistía… En el avión iban también Celia, Osmany y William Gávez, todos estaban consternados, sus rostros reflejaban preocupación y desesperación por encontrarlo”, contó el piloto del avión ejecutivo Sierra Maestra, Lázaro Moriña.

El martes 3 de noviembre, el diario Revolución titulaba: “Registradas cien mil millas”. Fidel llegó ese día a Santa Clara, después de haber registrado intensamente los cayos Romano, Coco, Largo y la Isla de Turiguanó y de haber reexaminado infructuosamente, volando casi a ras de tierra, la costa norte de Camagüey y Las Villas.

Algunas emisoras locales, sin la debida confirmación oficial, difundieron la noticia de que Camilo había aparecido vivo, lo que provocó una emocionante demostración de júbilo ciudadano. “No podemos explicarnos -dijo William Gálvez a la prensa- cómo existen personas que… lancen una noticia que al momento produce alegría y luego aumenta nuestra tristeza; eso es sencillamente criminal.”

Fidel realiza una comparecencia en el programa televisivo “Ante la prensa “, el 12 de noviembre, cuando ya se han perdido las esperanzas de encontrar a Camilo:

El avión de Camilo había sido a las seis y un minuto, aproximadamente, y a las 6:15 había salido un avión de Cubana de dos motores, de pasajeros, en ruta hacia La Habana. También tuvimos información de un avión que había llegado a Camagüey sobre las ocho de la noche y que aproximadamente tenía que haber hecho la misma ruta del de Camilo, pero en dirección opuesta… El piloto nos dijo que, efectivamente, a partir de Ciego de Ávila se habían observado turbonadas, había un tiempo bastante malo, vientos muy fuertes que lo obligaron a volar a distinta altura… El avión de Camilo tenía combustible solo para tres horas… un margen bastante escaso.

El Consejo de Ministros decretó siete días de duelo por la desaparición ya definitiva de Camilo. “El gobierno revolucionario recogió el sentir de los seis millones de cubanos que llevaban en el corazón el luto por uno de los hombres más queridos de nuestra patria”, publicó del periódico Revolución el 14 de noviembre de 1959.

Fidel, durante su comparecencia en el programa “Ante la prensa”:

Con muy poca cosa hizo proezas extraordinarias, y el consuelo del pueblo es que Camilo surgió del pueblo y que en el pueblo hay muchos Camilos… Cada vez que el pueblo vea momentos difíciles, cada vez que los hombres jóvenes, los campesinos, los obreros, los estudiantes, cualquier ciudadano, crea un día que el camino es largo, que el camino es difícil, se acuerde de Camilo, se acuerdo de lo que hizo él, se acuerde de cómo nunca, ante los momentos aquellos difíciles, perdió la fe.

(Tomado de ¿Voy bien, Camilo? Editorial Capitán San Luis. La Habana, 2009.)

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