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Si la bravura es cualidad para afrontar con valentía cada paso en la vida, esta abunda en el trayecto político y artístico de Estela y Ernesto Bravo, estadounidense ella, argentino él, solidarios,  internacionalistas y cubanos por convicción desde que decidieron compartir  sueños y destino en la patria de Martí y Fidel.

La Distinción por la Cultura Nacional conferida a ambos el pasado sábado honra sus apasionados aportes al arte y el permanente compromiso con los valores éticos y los ideales de justicia preconizados por la Cuba revolucionaria.

El ministro de Cultura, Alpidio Alonso, impuso la condecoración a los esposos Bravo en una ceremonia a la que asistió Bruno Rodríguez Parrilla, miembro del Buró Político del Partido y titular de Relaciones Exteriores, y en la cual la poeta Nancy Morejón pronunció las palabras de elogio.

La contribución de Estela a la pantalla documental como realizadora, siempre asistida por Ernesto como guionista, consultante y coordinador en las tareas de la producción, destaca entre las más lúcidas y penetrantes en el cine de las cuatro últimas décadas, a partir del estreno en 1980 de Los que se fueron.

Con un catálogo de más de 30 obras de diverso metraje, una parte sustantiva de la filmografía de los Bravo testimonia acontecimientos relacionados con la migración cubana a Estados Unidos y el traumático costo humano y familiar de la hostilidad de los gobernantes de ese país hacia Cuba.

Valen las miradas al contexto latinoamericano y caribeño de la época de las dictaduras y las intervenciones estadounidenses en la región.

Pero, sin lugar a dudas, las más entrañables producciones de Estela y Ernesto son aquellas que han tenido en primer plano al líder histórico de la Revolución Cubana. Fidel, la historia no contada se revela como uno de los más completos retratos de la personalidad del Comandante en Jefe.

Tomado de Granma

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