Internet
Internet

Mucho se dice de cuán distinto es el gobierno de Joe Biden del de Donald Trump, tanto en el fondo como en la forma. Quizás en la retórica haya un cambio de paradigma; sin embargo, la misma posición excepcionalista sigue llevándose como carta de presentación, una conducta que es propia de la naturaleza imperial de cualquier administración de la Casa Blanca.

Aunque traten de distanciarse de manera formal, el presidente demócrata está demostrando que da continuidad a algunas de las políticas más polémicas del magnate republicano. Sobre todo en lo que refiere a la inmigración y la política exterior, aunque mucho crédulo aún recite el catecismo actual del establishment mediático estadounidense.

Tomemos algunos casos y argumentos que dan cuenta de que no existe tal ruptura en el fondo en cuanto a las líneas fundamentales de los últimos dos inquilinos de la Casa Blanca en esos dos temas.

INMIGRACIÓN CRIMINALIZADA

Recientemente, la foto de un policía cowboy azotando con su látigo a un migrante haitiano en los alrededores de la frontera sur estadounidense causó indignación en (casi) todo el mundo, pues mostraba que en el fondo lo que tanto criticó la cúpula del Partido Demócrata al gobierno republicano anterior seguía dándose sin tapujos: el trato criminalizador hacia los inmigrantes en Estados Unidos.

Pero poco se ha hablado de los pormenores del caso. Fuera de la famosa foto, la administración Biden se movía en función de expulsar a los migrantes que acampan debajo de un puente en Del Rio, Texas.

Miles de migrantes, muchos de ellos originarios de Haití, han estado acampando en condiciones miserables desde hace más de una semana.

El plan gubernamental depende de una polémica política de la era Trump implementada en los primeros días de la pandemia para acelerar las remociones. Dicho plan de expulsión se basa en una ley de salud pública que rara vez se usa, conocida como Título 42. Las autoridades de inmigración dicen que una orden de salud pública de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, sus siglas en inglés) les permite expulsar a los migrantes que cruzan la frontera rápidamente sin darles la oportunidad de solicitar asilo.

Aunque el presidente Biden asumió el cargo prometiendo un sistema de inmigración más humano, su administración ha seguido utilizando la política del Título 42 y la ha defendido en los tribunales, a pesar de la creciente presión de los defensores de derechos humanos en Estados Unidos.

La administración Trump había argumentado durante mucho tiempo que los migrantes que cruzaban la frontera sur no calificaban como refugiados que huían de la persecución y, por lo tanto, no estaban protegidos por la ley de asilo de Estados Unidos.

En marzo de 2020, con el covid propagándose rápidamente en ese país, el gobierno de entonces decidió invocar el Título 42 para tomar medidas drásticas en la frontera.

El gobierno expulsó a unos 9 mil niños no acompañados que cruzaron la frontera antes de que un juez federal emitiera en noviembre una orden judicial preliminar destinada a detener la práctica. El juez Emmet Sullivan dijo que el Título 42 permite a los funcionarios bloquear la entrada de no ciudadanos que portan enfermedades, pero no permite las expulsiones. Aunque no por ello se detuvieron las remociones rápidas.

La administración Biden estableció excepciones para los niños migrantes no acompañados. Ha permitido que la mayoría de padres e hijos lleguen juntos para solicitar asilo. Pero ha seguido expulsando a muchos otros, incluidas algunas familias y decenas de miles de adultos solteros que cruzan la frontera.

Existen litigios judiciales que ordenan una suspensión similar en el uso del Título 42 para rechazar a familias con niños, estableciendo un plazo de dos semanas para que la administración cumpliera. El gobierno Biden está apelando esa decisión.

Si bien la administración Biden defiende el uso del Título 42 como una medida de seguridad pública para frenar la propagación del covid-19, médicos y defensores de los inmigrantes han denunciado que dicha posición es simplemente un pretexto para sacar a los migrantes del país rápidamente, y el ejemplo más reciente son los que se refugian bajo el puente internacional en el puerto de entrada de Del Rio.

Los defensores de los inmigrantes dijeron que seguirán luchando en los tribunales para poner fin al Título 42. Dijeron que es particularmente cruel implementarlo en este caso, ya que Haití aún se está recuperando de un reciente terremoto y una gran agitación política luego del magnicidio de Jovenel Moïse, en el que presuntamente agencias estadounidenses estarían involucradas.

De esta manera la administración Biden está luchando en los tribunales para preservar una de las políticas fronterizas más odiadas de la administración Trump.

Ello no parece extrañar si se toma en cuenta que el número de inmigrantes detenidos por el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, sus siglas en inglés) ha aumentado un 70% bajo el mandato de Biden. Cuando este asumió el cargo presidencial, el número de inmigrantes bajo custodia federal estaba en un mínimo de 20 años.

  • Desde el último trimestre de 2001 hasta la actualidad más de 5,8 millones de personas han sido encarceladas en cárceles de inmigración de Estados Unidos.

No solo aumenta la cantidad de detenidos en cuestión, sino que siguen encerrando a niños, casi 15 mil al día, en instalaciones y bases militares a gran escala. Estas condiciones se han visto agravadas por la pandemia. Los críticos de ICE alegan que ha hecho poco para mantener a raya el covid-19, propagando infecciones no solo dentro de las cárceles de inmigración, sino también en las comunidades circundantes y a otros países a través de las deportaciones de miles de inmigrantes.

POLÍTICA EXTERIOR A LA CARTA

Es cierto que el tono de Donald Trump siempre fue beligerante en relación a asuntos internacionales, pero hizo todo lo posible para no iniciar ninguna nueva guerra (aunque el asesinato del general Qassem Soleimani en enero de 2020, el descarado robo del petróleo sirio y el apoyo a los saudíes contra Yemen fue una incitación a ella en el Sudoeste Asiático).

No sabemos si Biden planea establecer alguna nueva guerra, más allá del pivote con miras a la contención militar asiática (China-Rusia), pero sí es verdad que cumplió el mandato establecido por Donald Trump de abandonar Afganistán con el Talibán tomando las riendas del gobierno, acordado en febrero de 2020.

Tanto Biden como Trump se manifestaron, durante varios años, en contra de la entonces larga ocupación de Afganistán; que ambos hicieron de la retirada estadounidense en ese territorio geopolítico clave un objetivo de su gobierno muestra claramente una continuidad de políticas en el área internacional y militar.

Incluso, el gobierno de Biden se ha movido unilateralmente como también lo hacía su predecesor, tanto en Afganistán como en otros escenarios, siendo criticado por sus pares europeos e incluso desde el seno de la OTAN, ya que Estados Unidos ha dado pasos sin coordinar con sus susodichos aliados en diferentes arenas.

Por ejemplo, el sorpresivo anuncio de un acuerdo de Estados Unidos, junto con Gran Bretaña, para ayudar a Australia a construir submarinos de propulsión nuclear para ser desplegados contra China en los años venideros provocó la indignación de los franceses, que perdieron un lucrativo contrato de 66 mil millones de dólares para suministrar submarinos a diésel.

En este caso, dice el periodista y analista Patrick Cockburn en un artículo publicado hace pocos días que «Biden se comportó en la verdadera tradición de Trump de causar mayor indignación a un aliado que consternación a un enemigo potencial».

«Esta decisión brutal, unilateral e impredecible me recuerda mucho a lo que solía hacer el señor Trump», dijo el ministro de Relaciones Exteriores francés, Jean-Yves Le Drian. «Estoy enojado y amargado. Esto no se hace entre aliados. Es realmente una puñalada por la espalda».

Tanto la retirada precipitada de Estados Unidos de Afganistán como el nuevo acuerdo entre el país norteamericano, Reino Unido y Australia (llamados AUKUS) son una clara imagen de lo que describe Cockburn:

«Biden, que estaba lleno de retórica de ‘Estados Unidos ha vuelto’ al comienzo de su presidencia, ahora está tratando a algunos de sus aliados con la misma arrogancia que nunca lo hizo Trump».

También, hay otras áreas en las que Biden parece estar siguiendo las políticas de Trump, como su renuencia a unirse de nuevo al acuerdo nuclear iraní del JCPOA, que prometió hacer, y que ya debería haberlo hecho si esa fuese su voluntad. La elección de Ebrahim Raisi a la presidencia en la República Islámica, de línea dura, fue una reacción a esto: el hecho de que Biden no se uniera al acuerdo.

Ahora el gobierno iraní está en posición de tomar la delantera en unas posibles negociaciones nucleares en el futuro próximo, gracias al trumpismo de Biden.

Podría también afirmarse que no importa quién se siente en la silla presidencial del Salón Oval, la política exterior estadounidense estará dominada por otras fuerzas que no representan y apoyan precisamente a la diplomacia y las leyes internacionales, como el complejo industrial-militar y los decisores de las agencias de seguridad e inteligencia tipo CIA y NSA. Ha sido el caso al menos desde pocos antes de la era Eisenhower, quien advirtió de los grandes contratos militares que el gobierno federal y el Congreso celebraban con grandes empresas privadas, aún hoy beneficiarias de las guerras interminables estadounidenses.

Pero cabe resaltar que existe una continuidad, y no un quiebre como lo venden los palangristas del New York Times y otros portavoces mediáticos del imperio estadounidense, que puede considerarse un legado de cómo se hacen las cosas últimamente en la Casa Blanca, en las vísperas de un mundo cada vez más multipolar.

Tomado de Misión Verdad

Dejar respuesta

¡Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí