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Las políticas de choque impuestas por el imperialismo y sus mecanismos financieros internacionales han provocado una terrible situación en los pueblos de América Latina que trae como consecuencia una agudización de la lucha de clases, con manifestaciones en estos momentos en varios países como Chile, Ecuador, Bolivia, Venezuela,  Colombia, Honduras, Nicaragua, Guatemala, Argentina, por citar algunos.

A estas alturas la idea que pretendía desideologizar todo, desde las discusiones económicas, las propuestas políticas, hasta las relaciones internacionales yace en el basurero de la historia. Como aseveró Fidel, “(…) estamos viviendo en un mundo más ideologizado que nunca, solo que se trata de un mundo donde se busca imponer la ideología del capitalismo, la ideología del imperialismo, la ideología del neoliberalismo y, precisamente, hacer desaparecer del mapa político toda ideología que no coincida con esa ideología. De modo que pienso que el mundo está más ideologizado que nunca”.[1]

La desaparición de la URSS y el campo socialista en Europa del Este a principio de los 90, originó una enorme confusión y desorientación en la izquierda latinoamericana, y una euforia maliciosa de la derecha internacional, encabezada por el complejo militar industrial, que declaró  la clausura definitiva del socialismo y el triunfo total del capitalismo sobre todo tipo de modelo alternativo de desarrollo social.

La resistencia de los revolucionarios cubanos y el surgimiento de gobiernos progresistas a partir de finales de la última década del siglo XX, encabezados por figuras de la talla de Hugo Chávez, Néstor Kirchner, Evo Morales, Luiz Inazio Lula Da Silva y Rafael Correa, por citar solo algunos nombres, ha permitido una recuperación del trauma que representó ese acontecimiento, si bien es cierto que no es total, ni mucho menos; pero también ha traído como consecuencia la ofensiva actual de la derecha y la oligarquía latinoamericana, organizada y conducida por las fuerzas de poder del imperialismo estadounidense. 

Para las fuerzas de izquierda que precisan de integrarse y unirse en este crucial momento de la humanidad les resulta de mucha utilidad acercarse al pensamiento profundo y consecuente de Fidel Castro, que nos permite encontrar respuestas a problemas tan diversos como complejos y actuales, identificar lo que nos une, partiendo de identidades diferentes y de los males que confrontan, y colocar al hombre como recurso más importante de cada pueblo, como protagonista y sujeto de todos los cambios.

En julio de 1993, en la clausura del IV encuentro del Foro de Sao Paulo, celebrado en La Habana, Fidel se preguntaba:

“¿Qué razones tenemos para sentirnos felices? (…) ¿Qué tiene de extraño que América Latina cuente hoy con 270 millones de habitantes viviendo en condiciones de pobreza y 84 millones viviendo en condiciones de indigencia? (…) ¿De quién recibimos esa herencia, si no del colonialismo, del neocolonialismo? ¿Qué remedios trajeron a nuestros problemas? Esas poblaciones viven hoy peores de lo que vivían bajo el colonialismo, ¿y son estos problemas los que nos va a resolver el neoliberalismo?”[2]

El escenario latinoamericano del presente tiene dos caras, la rica que es una minoría y la pobre, donde están las grandes masas oprimidas. Como tendencia, la rica será cada vez más rica y la pobre, cada vez más pobre, pues representa la esencia misma del capitalismo desde su surgimiento. 

El imperialismo estadounidense y la derecha latinoamericana intentan perpetuar el actual orden económico, hacerlo todavía más cruel e injusto y ordenarlo a la medida de sus intereses. Por eso atacan a Venezuela y Nicaragua, bloquean a Cuba, dan golpes de Estado en Bolivia, Brasil y Paraguay, protegen a los gobiernos de Sebastián Piñera y Lenín Moreno y acusan a Cuba y Venezuela de promover las manifestaciones sociales que hoy irrumpen en varios países..

Ante esta situación América Latina y el Caribe deberán unir sus raíces como la plata en las raíces de los Andes, como lo dijera José Martí. La difícil tarea de asaltar el futuro y dar una vida digna a sus pueblos nadie lo hará por nosotros, solo sus propios pueblos realizarán el difícil e irrenunciable reto que significa desarrollar nuestros países.

Al respecto Fidel diría:

“ (…) No nos incumbe el sistema social que deba tener cada uno de ellos, pero nos incumben todas aquellas cosas que nos unen y nos unen no solo todos estos intereses que hemos mencionado: nos une el interés de la paz, del respeto debido a cada uno de nuestros pueblos, el interés por definir en qué clase de mundo vamos a vivir, qué clase de paz nos va a traer el futuro”.[3]

“Siempre me he preguntado si es posible el futuro, si es posible la independencia, la seguridad y el desarrollo de nuestros países; si son posibles sus sueños de bienestar y de justicia social, sin la más estrecha unión de sus economías y de sus fuerzas (…) La cuestión no estriba en que cada país de nuestra área trate de salvarse por sí mismo, porque es un sueño imposible en un mundo dominado hoy por gigantes industriales y políticos. Tenemos necesidad de crear entre todos un gigante, para poder realmente desarrollarnos y disfrutar de paz, independencia y seguridad”.[4]

“ (…) creo en los pueblos de América Latina, tan humildes, tan saqueados, tan explotados, tan agredidos; … creo en esta mezcla de indios, de negros, de europeos y asiáticos …Y creo en esos pueblos, no por una cuestión de fe, sino por haberlos visto luchando, haberlos visto en el combate”.[5]

Fidel  ha sido uno de los más grandes conocedores en la historia contemporánea de la naturaleza y esencia del imperialismo, de las raíces económicas del mismo y sus características, que no actúa tan solo por la potencia de las armas, sino que utiliza como instrumento la penetración en las economías para lograr sus propósitos. Por eso agreden y bloquean a Venezuela para arrebatarles su petróleo y promueven un golpe de Estado en Bolivia para robarle su litio.

Las manifestaciones y protestas que hoy ocurren en varias ciudades latinoamericanas confirman su idea de que, “(…) nos estamos aproximando a aquellas condiciones que dieron lugar históricamente en otras partes a los estallidos, a las revoluciones clásicas, a los estallidos sociales incontrolables, inmanejables. Y creo que si esto sigue acumulándose, si todos estos problemas se siguen acumulando, si todos estos problemas sociales se siguen agravando en todas partes … si estos problemas no se resuelven, nos vamos a acercar a esas condiciones objetivas que darían lugar a los estallidos revolucionarios clásicos (…) 

“(…) Y ojalá sean conscientes los dirigentes políticos, ojalá sean sabios, primero para resolver los problemas objetivos de las economías de nuestros países, y segundo, para llevar a cabo las medidas de justicia, de equidad, de distribución de las riquezas, los cambios sociales imprescindibles, necesarios, para que se llegue a la justicia social realmente sin necesidad de traumas tan terribles como son esas revoluciones clásicas y como son, en general, todas las revoluciones”.[6]

Fidel nos ha dejado todo un proceso de enseñanza de estrategias y tácticas revolucionarias que debemos estudiar, y nos da en su obra la revelación de la tarea transformadora de hoy y de mañana. Definió que en esa lucha deben incluirse a la clase trabajadora, los campesinos explotados, intelectuales, militares con una posición antimperialista, creyentes honestos de las diversas confesiones y otras fuerzas de los sectores sociales.

Su pensamiento revolucionario se enlaza con la historia latinoamericana y universal, y nos deja como guía una frase de mucha actualidad, para movilizar a nuestros pueblos en la lucha: “(…) América es una sola: campo de lucha por la dignidad y por la justicia (…)”. [7]

[1] Un grano de maíz: Entrevista concedida por el Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, al comandante sandinista, Tomás Borge. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 1992, p.88.

[2] Castro Fidel: Discurso de clausura del IV Encuentro del Foro de Sao Paulo, La Habana, 24 de julio de 1993. En Granma, 27 de julio de 1993, p. 5 y 6.

[3] Castro Fidel: Acto central por el XXX aniversario del triunfo de la Revolución, Granma, 7 de enero de 1989, p.5.

[4] Castro Fidel: III Cumbre Iberoamericana, Salvador de Bahía, Brasil, 15 de julio de 1993. En Granma, 16 de julio de 1993, p.1

[5] Castro Fidel: Discurso en el acto de premiación a los deportistas más destacados de 1989, 21 de diciembre de 1989, Granma, 22 de diciembre de 1989, p.3.

[6] Castro Fidel: Una América Latina más unida, Conferencia de prensa en Quito, 13 de agosto de 1988, Editora Política, La Habana, 1988, p.4.

[7] En la clausura del I Congreso Latinoamericano de Juventudes, La Habana, 6 de agosto de 1960, OR, N.o 17, Imprenta Nacional de Cuba, La Habana, 9 de agosto de 1960, p.21

La pupila isomne

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