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(Parte 2)

(13 de octubre 1950-1 enero 1959)

Fidel representa, sin dudas, las paginas doradas de un proceso de liberación nacional de pensamiento descolonizador y antimperialista, que trasciende a un continente. De igual forma, su legado ha sido tomado enteramente por millones de personas en el mundo, los mismos que se han apropiado de su luz para abrirse paso en tiempos de crisis y caos.

Un hombre queda entonces absorbido por la historia como profecía hecha realidad.

Esta segunda parte habla de un Fidel más experimentado, el cual tiene un solo objetivo en mente, derrocar al dictador Fulgencio Batista y alcanzar, de una vez y por todas, la libertad de Cuba, algo que devenía herencia de Martí y nuestros valerosos mambises que dieron dura pelea al Imperio Español, hasta que EE.UU. intervino de manera oportunista en la inminente victoria.

Golpe de Estado Batista

A modo de poner las palabras en contexto, el 10 de marzo de 1952, el dictador Fulgencio Batista acerta un golpe de estado contra el entonces gobierno de turno presidido por Carlos Prío Socarras, perteneciente al Partido Revolucionario Cubano Auténtico.

Este hecho, tristemente, marca el inicio de una etapa de corrupción, asesinatos y torturas en la historia de Cuba, por una dictadura alineada a los intereses del Imperio.

Encarando al tirano golpista

Claramente el hecho no iba a pasar desapercibido. Para Fidel, la eventualidad le hace desatar el filo de su narrativa. El joven abogado condena el acto criminal desde el articulo conocido como «¡Revolución no, Zarpazo!», el mismo que hizo eco de denuncia en el periódico clandestino «El Acusador».

Un fragmento escogido del texto sirve de evidencia, en el se aprecia el pensamiento revolucionario que se venía desarrollando en el joven rebelde, uno que comenzaba a condensarse en un accionar implacable contra el régimen impuesto a golpe de pistola, como viejo oeste, en su Cuba, su Patria Amanda.

Fragmento:

(…) «Sé de antemano que su garantía a la vida será la tortura y el palmacristi. Los suyos matarán aunque usted no quiera, y usted consentirá tranquilamente porque a ellos se debe por completo. Los déspotas son amos de los pueblos que oprimen, y esclavos de la fuerza en que sustentan la opresión. A su favor lloverá ahora propaganda mentirosa y demagógica en todos los voceros, por las buenas o por las malas, y sobre sus opositores lloverán viles calumnias; así lo hizo Prío también y de nada le valió en el ánimo del pueblo. Pero la verdad que alumbra los destinos de Cuba y guíe los pasos de nuestro pueblo en esta hora difícil, esa verdad que ustedes no permitirán decir, la sabrá todo el mundo, correrá subterránea de boca en boca en cada hombre y mujer, aunque nadie lo diga en público ni la escriba en la prensa, y todos la creerán y la semilla de la rebeldía heroica se irá sembrando en todos los corazones; es la brújula que hay en cada conciencia»(…)

(…) «Cubanos: Hay tirano otra vez, pero habrá otra vez Mellas, Trejos y Guiteras. Hay opresión en la patria, pero habrá algún día, otra vez, libertad».

«Yo invito a los cubanos de valor, a los bravos militantes del partido glorioso de Chibás; la hora es de sacrificio y de lucha, si se pierde la vida, nada se pierde, vivir en cadenas es vivir en oprobio y afrenta sumidos». «Morir por la patria es vivir».

Primera Marcha de las Antorchas

La lucha seguía, no había parado un segundo, el 28 de enero de 1953, Fidel encabeza a los jóvenes de la llamada Generación del Centenario en la primera Marcha de las Antorchas, honorando el natalicio del Héroe Nacional de Cuba, José Martí.

El progresivo papel protagónico de Fidel en los diferentes frentes de lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista, va a ubicarlo en una serie de acciones, las mismas, se presentan como un camino marcado hacia el triunfo revolucionario el 1 de enero de 1959.

Asalto al Cuartel Moncada

Un breve bosquejo del accionar revolucionario de Fidel habla, desde una línea de tiempo, de una serie de acciones, momentos, etapas de preparación, y puesta en marcha de un programa lucha que comienza con la llegada del joven rebelde a Santiago de Cuba para el asalto al Cuartel Moncada el 25 Julio 1953.

Del asalto a la fortaleza militar, junto al joven Abel Santamaría, se podría sacar una lección histórica en sus palabras cuando expresó: “Compañeros, podrán vencer mañana o ser vencidos, pero de todas maneras este movimiento triunfará».

Ese no fue el día de la victoria, pero claramente se podría tomar como profecía, el Moncada quedaría como una lección y una experiencia que pronto daría frutos, sería la escuela del joven rebelde y la antesala de la lucha de guerrillas que tomaría como corazón la Sierra Maestra.

El asalto fracasa, pero Fidel no sabe de derrotas, de alguna manera quedó victorioso ante la historia. No obstante, el joven rebelde es capturado y encarcelado junto a los sobrevivientes de la acción combativa.

Encarcelado, pero no vencido

En una muestra genuina de academia y desafiando nuevamente las probabilidades nace de su autoría el famoso alegato de autodefensa “La historia me absolverá”, documento que se convertiría posteriormente en el manifiesto del Movimiento 26 de Julio.

Fragmento:

«En cuanto a mí, sé que la cárcel será dura como no la ha sido nunca para nadie, preñada de amenazas, de ruin y cobarde ensañamiento, pero no la temo, como no temo la furia del tirano miserable que arrancó la vida a setenta hermanos míos. Condenadme, no importa, La historia me absolverá»

El presidio modelo en Isla de Pinos, sin dudas fue duro, pero fue una etapa de crecimiento y reivindicación revolucionaria que serviría de antesala a una nueva postura de mayor ofensividad contra la dictadura, el proceso demandaba mayor organización, unidad, Fidel tendría que asumir las riendas de la lucha, si quería triunfar sobre el dictador.

Parecía que la suerte estaba a punto de cambiar cuando por motivos electorales, en 1954, el régimen decidió indultar a los opositores, aunque no incluyeron a los moncadistas.

Sin embargo, una dura batalla de las madres de los asaltantes, conjunto a diferentes actores de la sociedad civil, propiciaron que el día 15 de mayo de 1955, los moncadistas, y dentro de estos el joven Fidel, salieran de prisión con la cabeza en alto y una profunda convicción de seguir luchando hasta alcanzar la anhelada victoria.

Fidel y los moncadistas son liberados

Tras su excarcelación, Fidel, en una entrevista a los medios de Prensa, en el viejo hotel Isla de Pinos, entrega a los periodistas el “Manifiesto al pueblo de Cuba”, el mismo publicado posteriormente por el periódico La Calle el 16 de mayo de 1955.

En este manifiesto el joven expresa sus ideas sobre el nuevo período de lucha que se avecinaba, el cual se resume en el siguiente fragmento:

 “Nuestra libertad no será de fiesta o descanso, sino de lucha y deber, de batallar sin tregua desde el primer día, de quehacer ardoroso por una patria sin despotismo, ni miseria, cuyo mejor destino nada ni nadie podrá cambiar. (…) Los déspotas pasan, los pueblos perduran».

Tras pasar 22 meses de prisión en el Reclusorio Nacional de Isla de Pinos, Fidel, ya libre en la Habana, se da a la tarea de organizar los diferentes frentes de lucha contra el dictador Fulgencio Batista, concentrando su atención en el movimiento 26 de Julio.

Encontrándose bajo una vigilancia minuciosa por parte de los esbirros de la tiranía y con la amenaza constante de asesinato a los miembros del movimiento 26 de Julio y los moncadistas, el joven rebelde decide exiliarse a México, una decisión que sentaría las bases del inicio de la batalla final y el golpe de gracia a la dictadura de Batista.

México, junto a Raúl y Juan Manuel Márquez

México, nación hermana, recibe al joven moncadista con los brazos abiertos, un contexto que permitió a Fidel, al igual que Martí, desde el exilio, organizar el proceso y sus actores.

Fue en la nación azteca donde el joven rebelde, junto con otros bravos hombres revolucionarios, se entrena en la guerra de guerrillas y forma un grupo de expedicionarios que zarparían en el legendario Yate Granma, desembarcando en Playa las Coloradas, en la provincia de Granma.

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