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A las 11H00 hora local del 4 de noviembre de 1970, Salvador Allende asumía la presidencia de Chile, tras obtener el 36,6 por ciento de los votos en las elecciones del 4 de septiembre y ser ratificado en el cargo por el Congreso en octubre.

Han pasado 49 años desde aquella multitudinaria concentración en el Estadio Nacional, donde los chilenos apoyaron al presidente socialista de la Unidad Popular. Casi cinco décadas desde que Allende comenzara hacer de Chile un país más justo. Tenía 62 años.

En tres años de mandato, el presidente chileno logró expropiar 4.400 predios agrícolas, por lo que más de 200.000 campesinos fueron beneficiados en la lucha del gobierno contra el latifundio, latente durante más de 400 años en la nación.

Las políticas económicas de Allende buscaban lograr una distribución justa de las riquezas, por lo que el proceso de nacionalización no fue visto con buenos ojos por parte de los empresarios y grandes dueños de propiedades en Chile.

En 1971, el mandatario nacionalizó el cobre, luego de que la medida se aprobara unánimemente en el Congreso. Ese mismo año, Unidad Popular obtuvo la mayoría absoluta en las elecciones municipales al alcanzar el 50,86 por ciento de los votos.

“Han sido fundamentales tu valor y decisión, tu energía mental y física para llevar adelante el proceso revolucionario”, dijo el comandante en Jefe, Fidel Castro, en una carta que le enviara en mayo de 1971.

Durante ese primer año de Gobierno, Allende logró nacionalizar un total de 91 industrias básicas, pero las medidas socialistas del jefe de Estado tampoco le agradaban a los intereses de Estados Unidos (EE.UU.). La posterior desclasificación de documentos de la CIA reflejó que Washington siguió cada paso del presidente chileno y buscó la vía para sacarlo del poder.

El mandatario estadounidense, Richard Nixon, se golpeaba las manos cuando hablaba de Allende; financió los intentos para desestabilizar el país, porque las acciones para impedir que el médico devenido presidente ganara las elecciones de 1970 no le habían funcionado.

Allende lo denunció en 1972 en la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU). Ante los líderes mundiales, expuso las agresiones internacionales de la que era víctima su país, su pueblo. Pero pese al hostigamiento constante, su Gobierno logró aumentar el Producto Interno Bruto (PIB) en un 8,6 por ciento, y redujo la inflación de un 34,9 por ciento cuando asumió la Presidencia a un 22,1 por ciento cuando le arrebataron la vida, cobardemente, en 1973.

Lo asesinaron, tras traicionar a su Gobierno, que proponía construir un país con todos, con los más desposeídos, con los obreros, los campesinos, las mujeres, los estudiantes, con los más pobres. Pero horas antes de su muerte, como el hombre que avizora y tiene fe en el futuro de su Patria, Allende le dijo a toda Chile la frase que hoy se ve en las imágenes de las calles de Santiago (capital).

Cuando miles de chilenos protestan diariamente desde comienzos de octubre contra el gobierno del presidente Sebastián Piñera, las ideas de Allende parecen que se dijeron para ser cumplidas por el pueblo.

“Sigan ustedes sabiendo que mucho más temprano que tarde de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”, afirmó Allende entre las bombas de los aviones contra el Palacio de La Moneda.

Hoy recorre el mundo la multitudinaria concentración en Santiago de millones de chilenos que exigen justicia, que luchan por más de 30 años de ver pisoteados sus derechos. Chile despertó, dicen los carteles. Chile tiene heridas que aún los Gobiernos no han logrado sanar.

Telesur


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