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GRANADA, SUMBE Y HUAMBO

Nuestros constructores mantuvieron una actitud ejemplar frente a las agresiones

Pedro Etcheverry Vázquez

Pedro Sergio García Díaz

La obra de “los Dignos Hombres de los Cascos Blancos” como los calificara nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro, está estrechamente vinculada con los logros de nuestra Revolución en la educación, la salud, la ciencia, el deporte, la cultura, el turismo, y prácticamente en todos los sectores fundamentales del desarrollo de nuestro país, donde los trabajadores de la construcción han escrito bellas páginas de heroísmo laboral.

Sin embargo, pocas veces se hace referencia a determinados momentos históricos en que muchos de estos hombres humildes han enfrentado agresiones de fuerzas muy superiores y en circunstancias adversas, y han mantenido una actitud ejemplar.

El 4 de noviembre de 1980 ganó las elecciones presidenciales en Estados Unidos el candidato republicano Ronald Reagan. Para algunos analistas, en su mandato aumentarían las probabilidades de que pudiera producirse una agresión contra Cuba, o contra algún objetivo ubicado en los países que recibían su apoyo humanitario y su solidaridad.

La isla de Granada, en el Caribe

El 25 de octubre de 1983, en horas de la madrugada, un batallón de Infantería de Marina, dos batallones de rangers, dos brigadas de la 82 División Aerotransportada, con el apoyo de unidades de aseguramiento, y la participación del portaviones Independence y el portahelicópteros Guam, más buques y aviones de transporte pertenecientes al Ejército y la Marina norteamericanos, invadieron sorpresivamente la pequeña isla de Granada, situada en el Caribe suroriental, donde no existía ninguna fuerza militar que les ofreciera resistencia.

Con esta invasión militar el presidente Reagan perseguía el doble objetivo de derrocar al Gobierno legítimo de Maurice Bishop e interrumpir la colaboración civil internacionalista de Cuba, en una región considerada desde tiempos ancestrales por el Gobierno de Estados Unidos como su traspatio.

En ese momento se encontraban trabajando en la pequeña isla 784 cubanos, la mayoría constructores, pero también había médicos y maestros, incluyendo 44 mujeres. No había militares cubanos.

El primer ministro Maurice Bishop y sus principales colaboradores fueron asesinados, la Revolución granadina fue liquidada, los planes de la colaboración cubana fueron interrumpidos, entre ellos los relacionados con el desarrollo de la educación y la cultura, y el Gobierno de Estados Unidos impuso un régimen afín a sus intereses hegemónicos en la región.

Alrededor de cuatrocientos granadinos murieron, pero también se reportó que 24 colaboradores cubanos perdieron la vida y 57 regresaron a nuestra patria heridos o enfermos, la mayoría constructores. A pesar de la enorme diferencia en la correlación de fuerzas, por parte de los invasores hubo 135 bajas entre muertos y heridos.

La invasión militar a la pequeña isla de Granada conmovió a la opinión pública norteamericana y muchas personalidades criticaron la política guerrerista de la Administración Reagan, pero los principales círculos de poder en Estados Unidos no se sintieron aludidos, y continuaron apoyando a organizaciones terroristas que enfrentaban gobiernos progresistas en otras latitudes.

Constructores muertos: Lázaro Ramón Alpízar Hernández, Jorge Evidio Amarán Vento, Sergio Au Menéndez, Romilio Ávila Sánchez, Armando Figueroa Crossier, Vicente Reynol Fundora, Emilio García Arzola, Jorge Jesús Hernández Trimiño, Pedro Herrera García, Víctor Leal Rivera, Juan Enedy Malagón Leal, Casto Regino Martínez Montes de Oca, Evelio Moreno Cartaya, Lázaro Orgaz Reyes, Fidel Ramón Ortega Moreno, Nelson Ramos Cala, José Ángel Rivero Sifontes, Carlos Manuel Rodríguez Larrinaga, Amado Romero Noa, Sixto Rubén Sosa Rodríguez y Elio Vázquez Batista.

Constructores heridos o enfermos: José Achúcaro Roque, Reinaldo Acosta Surí, Luis Ángel Águila Miñoso, Vicente Miguel Aldana Gay, Ángel Luis Alfonso Griñales, Osvaldo Almeida Tapia, José Álvarez Llerena, Jesús Batista González, Rubén Borche Suárez, Reinesio Caballero Suárez, Leonel Cairo Cairo, Felipe Camejo Gutiérrez, Juventino Casanova Jave, Adriano Contreras Zúñiga, Pablo Cordero Reyes, Armando Córdova Martínez, Alfredo E. Corona Serrano, Esteban Cruz García, Rufino Cruz Hernández, Roger Curbelo Mateo, Alberto Díaz Calderón, Mario Echevarría Toledo, Teódulo García Abreu, Roberto García Aguilera, Evaristo García Campoalegre, Amado J. García Marrero, Jesús González Ruiz, Leandro González Sierra, Manuel de Jesús Heredia Torregosa, Reinaldo Hernández Paredes, Virgilio Horta Betancourt, Ángel López Arrebiche, José C. Montané Rodríguez, Pastor Morejón González, Abel Ochoa Marrero, Rosario Perdomo Perdomo, Rolando Perdomo Torriente, Miguel Pérez Morales, Gilberto Quintana Rodríguez, Ángel Rivas Tamayo, Ladislao O. Rodríguez Amador, Francisco Rodríguez Pérez, Ramón Rodríguez Pla, Antonio Cicre Rey, Andrés Valido Rodríguez y Manuel Alberto Vega Pérez.

Sumbe, en Angola

El domingo 25 de marzo de 1984, en la localidad costera de Sumbe, capital de la provincia de Kwanza Sul, en la República Popular de Angola, ocurrió un acontecimiento inolvidable en la historia de la colaboración internacionalista cubana en África.

El día anterior, las autoridades angolanas habían celebrado el inicio de los carnavales y la población local estaba muy alegre con sus fiestas tradicionales. Al mismo tiempo, en el restaurante del aeropuerto, se había realizado la ceremonia nupcial de la hija del Director del hospital provincial. Los cooperantes internacionalistas cubanos celebraron un cumpleaños colectivo, y aprovecharon la ocasión para despedir a un pequeño grupo de constructores de la Unión de Empresas Constructoras del Caribe (UNECA), que construían veinte edificios de viviendas para los habitantes de esa localidad, y se disponían a regresar a la patria. Los festejos se extendieron hasta poco después de la medianoche.

La agrupación contrarrevolucionaria y terrorista Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA), que recibía apoyo logístico y financiero del régimen racista de Sudáfrica y del Gobierno de Reagan, y cuya jerarquía se encontraba estrechamente relacionada con la dirección de la organización terrorista Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), decidió lanzar un ataque de madrugada. A esa hora podían tomar por sorpresa a unos pocos combatientes angolanos de la Policía y el Ministerio de la Seguridad que se encontraban destacados en el lugar. De paso, aprovecharían para causar la mayor cantidad de bajas posibles entre los colaboradores civiles cubanos.

Alrededor de las cinco de la madrugada, tres batallones de la UNITA —el “Bate Cubano”, que en su argot significaba abatir a los cubanos, el “Quinto Congreso” y el “517”— se lanzaron al ataque contra la ciudad, cuyos habitantes dormían apaciblemente. Las fuerzas agresoras estaban compuestas por más de tres mil efectivos bien pertrechados con fusiles automáticos, contaban con el apoyo de morteros de diversos calibres, lanzacohetes antitanques, y granadas antipersonales. Además disponían del apoyo de la Columna Oeste y la Columna Norte, de la Región Militar 25 de la UNITA.

Primero, antes de lanzar el asalto con la infantería, decidieron realizar una operación de ablandamiento con la artillería. Emplazaron los morteros de 60, 81 y 82 milímetros y comenzaron a disparar, manteniendo un fuego concentrado sobre la ciudad durante cerca de una hora. Los cubanos, bajo la dirección de Filiberto Arteaga Pérez, jefe de la Misión Civil  de Cuba en esa localidad, lograron movilizarse con unas pocas armas que habían recibido recientemente.

A pesar de que los atacantes tenían a su favor el factor sorpresa, la superioridad numérica y un armamento de mayor poder de fuego, unos 215 cooperantes civiles cubanos, incluyendo varias mujeres, armados de algunos fusiles AKM, pero mayormente de subametralladoras PPSH, fusiles G-3 y M-52, se atrincheraron en tres posiciones diferentes.

El grupo encabezado por el Comisario angolano José Francisco Ramos da Cruz y por Filiberto Arteaga Pérez, defendió los alrededores del Comité Provincial del Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA); otro grupo se situó en la desembocadura del río, dirigido por el mayor Acunha oficial del MINSE, y un tercer grupo combatió en la playa, bajo el mando del teniente coronel del Ministerio del Interior Juan Castillo Vázquez (Roger).

Todos los puntos de resistencia se batieron heroicamente, manteniendo a raya a los atacantes y causándole numerosas bajas. En el combate sostenido en la playa, unos setenta cubanos mezclados con angolanos, rechazaron al poderoso Batallón 517 de la UNITA, la fuerza principal de los agresores.

En los primeros momentos la UNITA logró llegar hasta la pequeña escuela del Ministerio de Seguridad que se encontraba a la entrada de Sumbe, y ametralló alrededor de sesenta alumnos. Una vez dentro de la ciudad, continuó asesinando civiles, entre ellos al esposo de la muchacha que se acababa de casar.

Alrededor de las ocho y treinta de la mañana, después de tres horas de un encarnizado combate, las fuerzas de la UNITA no habían logrado rebasar ninguno de los puntos de defensa. Sin embargo, ya los defensores tenían algunas bajas. Entre los angolanos caídos se encontraban Armando Pereira, secretario general de los sindicatos, Fernando Albano, director de la Agricultura y Antonio Domíngues Adeus, jefe de protocolo, todos representantes del gobierno angolano en esa provincia.

Un grupo de médicos dirigido por el doctor Norberto García Mesa y compuesto por las doctoras Marlén Matamoros Baltre y Helen Díaz, asistidas por la laboratorista María Antonia, entre otros, se concentraron en la atención de los heridos.

Cerca de las diez de la mañana, fuerzas de la Brigada de Desembarco y Asalto (BDA), con el apoyo de aviones caza Mig-21 y helicópteros MI-8, de la Misión Militar de Cuba en Angola, bajo el mando del coronel de las Fuerzas Armadas Revolucionarias Carlos Lahite, atacaron las posiciones ocupadas por la UNITA, lo que obligó a sus fuerzas a huir en desbandada, dejando abandonados en el terreno más de ciento cincuenta muertos y unos doscientos heridos. Otra vez, en Angola, el internacionalismo proletario se imponía sobre los enemigos de nuestros pueblos.

De acuerdo con las informaciones obtenidas en el interrogatorio a los detenidos, se pudo conocer que con esta agresión los atacantes perseguían ocupar la ciudad durante dos días, apresar dirigentes locales del MPLA, capturar la documentación existente sobre el sistema de defensa de la ciudad, tomar como rehenes la mayor cantidad de los cerca de trescientos colaboradores civiles soviéticos, búlgaros e italianos que prestaban servicios en la región y transmitir por la emisora de radio provincial una alocución de la UNITA, anunciando la marcha sobre Luanda.

Ese día perdieron la vida más de cien angolanos entre civiles y reclutas de la escuela del MINSE, pero también cayeron en combate los constructores cubanos Julio Cifuentes Roque, Osvaldo Sagarra Jaca, Reynaldo Almaguer Silva y Gabriel Amarán García, y otros catorce constructores y siete maestros resultaron heridos.

También murieron los maestros internacionalistas cubanos Héctor Alfredo Pineda Zaldívar, Alfredo Guillot Pozo y Lázaro A. Molina López. Durante la persecución de las fuerzas enemigas perdieron la vida el subteniente Juan Carlos Aguiar Rizo y el soldado Roberto Gobín Sánchez, de la BDA.

Con la desaparición física de estos jóvenes sus familiares sufrieron infinitamente y nuestro pueblo se vistió de luto, pero sus nombres, su actitud desinteresada y combativa y su ejemplo, quedaron grabados para siempre en la historia de la colaboración internacionalista de nuestra patria.

Los participantes en la defensa de Sumbe fueron condecorados con las medallas de Trabajador Internacionalista, Combatiente Internacionalista de Primer Grado, Por el Servicio Distinguido en las FAR y Por la Amistad Cuba-RPA.

Acto terrorista contra edificio en Huambo, Angola

El 19 de abril de 1984, cumpliendo órdenes de alguno de los servicios de inteligencia que operaban contra Angola y Cuba (norteamericanos o racistas sudafricanos), un grupo terrorista hizo explotar un coche bomba, con una carga de gran potencia, frente a un moderno edificio de apartamentos de once plantas, ubicado en la ciudad de Huambo, en la región central-sur de Angola, donde se albergaban colaboradores civiles cubanos de los sectores de la construcción, la educación y la salud.

En este acto terrorista contra un objetivo civil se reportaron diez angolanos muertos, incluyendo mujeres y niños, y más de cien heridos de ambas nacionalidades, pero murieron catorce constructores cubanos.

Constructores cubanos muertos: Héctor Rodríguez Pérez, Remigio Díaz Quintanilla, José Ramón Baracaldo Priedes, Raúl Palacios Amoró, Gerardo Fernández Rodríguez, Inocente García Gómez, Manuel García Ponce, Raúl Martínez Cabrera, Felipe Pérez Francisco, Ángel Alfredo Pérez Ribén, Luis Salomón Pier, Lázaro Tabío Hernández, Ramón Morales Beroya y Miguel A. Rodríguez Cardoso.

Constructores cubanos heridos más graves: Raúl Borrego Cedeño, Eusebio Velásquez, Francisco Olivera y Leoncio López.

En esta ocasión no hubo que lamentar bajas mortales en el sector educacional cubano, pero se reportaron entre los 25 cubanos heridos, las maestras Vilma Cristina Estrada Valle, Mayra de la Caridad Yánez Anega y María Catalina Camejo Rodríguez. La primera con fractura de fémur en la pierna derecha y herida en un brazo, la segunda con heridas leves en la espalda, los brazos y las piernas, y la tercera recibió heridas leves.

Hechos terroristas como estos se realizaban para atemorizar a los trabajadores civiles cubanos y hacerlos abandonar su misión, pero la colaboración internacionalista de Cuba continuó adelante. Desde entonces, en los 38 años transcurridos nuevos contingentes de constructores, médicos, enfermeras, maestros, asesores culturales y deportivos, y representantes de otros sectores, han continuado brindando su apoyo desinteresado a otras naciones que lo han necesitado.

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