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La administración del presidente Trump pretende desprestigiar a Cuba y acusarla de “esclavizar” a sus médicos, sin embargo, en medio de la terrible pandemia que ha causado la muerte de más de 125 mil 800 estadounidenses, cerca de una cuarta parte del total mundial, en días pasados presentó un recurso ante la Corte Suprema de Justicia, para derogar el llamado Obamacare, un sistema que proporcionó seguro médico para ayudar a millones de estadounidenses de escasos recursos.

Mientras eso ocurre en Estados Unidos, Cuba envía a sus médicos a salvar vidas por el mundo, pero como eso disgusta a los yanquis, el 17 de junio 2020 bajo el auspicio de los senadores Rick Scott, Marco Rubio y Ted Cruza, se presentó al Congreso un proyecto denominado “Ley de Reducción de Ganancias para el Régimen Cubano”, que busca incrementar su guerra económica y financiera contra la Revolución, con el único fin de ahogarla y causar más penurias al pueblo, ante la limitación de recursos.

Doble moral e hipocresía de esos gobernantes, que nunca les ha importado que se mueran los ciudadanos que carecen de recursos para costear los tratamientos médicos, medicamentos e ingresos hospitalarios.

Realmente a Estados Unidos no le interesa que el personal de la salud de la Isla reciba mejores salarios, pues cuando algún médico abandona la misión en el exterior, imbuido por las falsas promesas de una vida más cómoda, no le ofrecen trabajo y los dejan solos a su suerte, y en la inmensa mayoría de los casos nunca vuelven a ejercer su profesión.

¿Por qué no envían los yanquis a sus médicos a servir en países pobres con difíciles condiciones y le pagan altos salarios?

Si tanto les preocupa que los médicos cubanos ganen menos dinero, que propongan sustituirlos por estadounidenses en Haití, Kenia, Guinea Bissau, el Congo, Angola, en la Amazonía brasileña y ecuatoriana, Venezuela, Granda, Jamaica, Dominica, Surinam, Nicaragua, Martinica, o Sudáfrica, a ver cuántos aceptan servir a esas poblaciones de pocos recursos, donde muchos viven en condiciones infrahumanas.

Los médicos y enfermeros de Estados Unidos están formados para    ganar miles de dólares, mientras que los cubanos ayudan a los necesitados en recónditos lugares, educados para salvar vidas, sin mirar de qué lado se vive mejor, algo que los yanquis no entienden.

Estados Unidos ambiciona en conformar la matriz de opinión de que “las misiones médicas cubanas manejadas por el gobierno de la Isla, son un ejemplo de trabajo forzado”, solo con el solapado propósito de sancionar a Cuba y cortarle la entrada de divisas, incluso extendido ahora a los países que se atrevan a contratar a su personal médico.

A la campaña anticubana del inventado “Tráfico de Personas” que hace Cuba con sus médicos, se sumó Ivanka Trump, hija del mandatario, quien ocupa el cargo de asesora presidencial, gracias a su padre, a pesar de no tener la menor experiencia en política, pero como toda mentira sale siempre a la luz, las declaraciones de Mike Pompeo, Secretario de Estado, demuestran la indiscutible intensión que buscan, al afirmar: “Las misiones médicas son la principal fuente de ingresos del régimen”.

Cabe esperar que, aprovechando la pandemia, arremetan contra el turismo y diseñen alguna patraña a fin de evitar la entrada de visitantes a la Isla.

Esa es la verdad y no la supuesta “preocupación” por el salario que reciben los médicos cubanos, porque como afirmó José Martí:

“La capacidad para el engaño, es revelada por el engaño mismo”.

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