Foto: Internet

Pedro Etcheverry Vázquez

Luis Rodríguez Hernández

Cada año, el 18 de octubre es celebrado en nuestro país el Día del Combatiente de la Lucha Contra Bandidos, en reconocimiento a Los Malagones, aquellos legendarios campesinos pinareños que en esa fecha de 1959 cumpliendo órdenes de nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, capturaron en tiempo récord la banda terrorista de alzados encabezada por Luis Lara Crespo (El Cabo), un esbirro que actuando al servicio de la dictadura batistiana, había cometido numerosos crímenes. La experiencia de estos doce campesinos al mando de Leandro Rodríguez Malagón, fue utilizada posteriormente en la formación de patrullas de milicias y en la persecución de otros alzamientos a lo largo y ancho del territorio nacional.

En esta ocasión también se rinde homenaje a los miles de hombres y mujeres que demostraron que era posible entregarle las armas al pueblo, organizarlo en unidades de milicias obreras y campesinas, en compañías serranas y en batallones de Lucha Contra Bandidos dirigidos por jefes y oficiales de nuestras Fuerzas Armadas Revolucionarias, quienes supieron perseguir a las bandas en territorios intrincados cuyos integrantes conocían muy bien y donde contaban con el apoyo de familiares y amigos.

Los inicios del bandidismo

En el verano de 1960, cuando  la Agencia Central de Inteligencia comenzó a fomentar los primeros alzamientos armados en el macizo montañoso del Escambray, nuestras Fuerzas Armadas Revolucionarias llevaron a cabo una masiva movilización popular para combatir al enemigo.

En las seis provincias fueron surgiendo bandas terroristas de alzados que nunca atacaron un objetivo militar, pero se dedicaban a sembrar el pánico ametrallando milicianos aislados y ahorcando campesinos, obreros agrícolas, administradores de granjas, cooperativas y tiendas del pueblo, maestros voluntarios, brigadistas alfabetizadores, ancianos, mujeres y niños.

Involucrados en este tipo de hechos quemaron escuelas rurales construidas por la Revolución y realizaron numerosos sabotajes contra medios de transporte local y objetivos agrícolas. Después huían para evitar el enfrentamiento frontal con las fuerzas revolucionarias mientras se mantenían en espera de una intervención militar de Estados Unidos.

Bajo el mando de prestigiosos jefes y oficiales del Ejército Rebelde, que en todo momento contaron con el apoyo de la inmensa mayoría de los habitantes de las zonas rurales, los bandidos fueron perseguidos mediante cercos, entrecercos, peines y emboscadas, que los fueron capturando en diferentes circunstancias, pero al costo de la vida de muchos combatientes.

El 7 de septiembre, en el Escambray —a partir de las experiencias de Los Malagones en Pinar del Río y de la persecución de Manuel Beatón Martínez en Oriente— el comandante Manuel Piti Fajardo dirigió las denominadas “Primeras operaciones de peine hasta chocar con el enemigo”, con 21 pelotones de Milicias Campesinas bajo el mando del capitán del Ejército Rebelde Orlando Lorenzo Castro (Pineo) que partieron del campamento de La Campana en el Hoyo de Manicaragua, en busca de los alzados.

Al día siguiente, al amanecer, una pequeña tropa dirigida por nuestro Comandante en Jefe con su escolta rodeó una finca en la zona de La Sierrita y tras un fuerte tiroteo capturó la primera banda de alzados encabezada por Leandro Alberto Walsh Ríos quien marchaba al frente de tres efectivos.

El 11 de septiembre en la zona de Pico Tuerto murió en combate el teniente del Ejército Rebelde Obdulio Morales Torres, quien es considerado el primer compañero caído durante la persecución de los bandidos en el Escambray.

Entre el 6 y el 8 de octubre durante las operaciones militares que tuvieron lugar en el Escambray fueron capturados 102 bandidos y 75 colaboradores, incluyendo Sinesio Walsh Ríos del II Frente Nacional del Escambray (II FNE), Plinio Luis Prieto Ruiz del Partido Auténtico y Porfirio R. Ramírez Ruiz estudiante de la Universidad de Las Villas, principales responsables de los alzamientos en la región central del país.

El 20 de octubre fue detenido el agente de la CIA William Alexander Morgan junto con el ex comandante del II FNE Jesús Carreras Zayas, ambos involucrados en el envío de hombres, armas y suministros para engrosar las bandas del Escambray.

El 29 de noviembre en el entronque de la carretera de Topes de Collantes resultó muerto el comandante Piti Fajardo, cuando desplegaba un cerco para perseguir a un grupo de elementos contrarrevolucionarios que habían robado varios fusiles de la casa del comandante Alfredo Peña con el propósito de alzarse.

Durante los primeros días de diciembre de 1960 durante una operación militar en la zona de Corralillo y los límites con la provincia de Matanzas, dirigida por el Comandante en Jefe Fidel Castro al frente de la Columna Especial de Combate No. 1 del Ejército Rebelde, fue capturado el cabecilla Ernesto Gómez Márquez (Maguaraya), el guía de la banda, 17 alzados con sus armas y un grupo de colaboradores.

La Operación Jaula de las FAR

Unos días después en el Escambray se fue desencadenando escalonadamente la Operación Jaula, al ser movilizados hacia esa región montañosa ochenta batallones de Milicias de todas las provincias, integrados por unos 60 mil hombres, que en menos de cuatro meses dieron una fuerte batida al enemigo, eliminando las bandas con que el Pentágono y la CIA contaban para apoyar a los mercenarios de la Brigada de Asalto 2506, finalmente derrotada el 19 de abril de 1961 en las arenas de Playa Girón por fuerzas combinadas de las Milicias, el Ejército Rebelde y dos batallones de la Policía Nacional Revolucionaria.

Después de la derrota de la invasión el cabecilla Osvaldo Ramírez García se dio a la tarea de reagrupar a los bandidos dispersos por la Operación Jaula y la Estación JM / WAVE de la CIA emitió instrucciones a sus agentes en la isla para que fomentaran nuevos alzamientos, pero la Dirección de la Revolución se percató a tiempo de las intenciones del enemigo.

En diciembre de 1961 fue enviada al Escambray la División Serrana No. 1 del Ejército Oriental bajo el mando del comandante Demetrio Montseny Villa, que junto a las fuerzas villareñas, en más de seis meses de enfrentamientos le dieron una fuerte batida a los bandidos, al costo de dieciocho combatientes caídos en combate.

El auge de los bandidos

Durante el año 1962 en el escenario de la Operación Mangosta dirigida por el Gobierno de Estados Unidos, los bandidos cometieron numerosos crímenes y en 1963, cumpliendo indicaciones de la CIA, intensificaron la violencia de sus agresiones contra objetivos civiles, pero no tuvieron un minuto de descanso debido a la constante persecución a la que eran sometidos por las unidades de Lucha Contra Bandidos de las FAR.

Después de numerosos enfrentamientos favorables a las fuerzas revolucionarias, a finales de 1963 algunos de los principales cabecillas de bandas comenzaron a pensar en abandonar el territorio nacional para dirigirse a la Florida, con el pretexto de recuperar fuerzas y prepararse militarmente con vista a una nueva ocasión. La realidad demostraba que quienes lograban marcharse en esas circunstancias generalmente no regresaban.

Ante el interés de los cabecillas por abandonar el país, la Seguridad del Estado en coordinación con la Marina de Guerra Revolucionaria organizó varias operaciones por vía marítima, lo que marcó el comienzo del desplome del bandidismo.

La decadencia de los bandidos

A principios de febrero de 1964 fue capturada la banda de Alfredo Amarantes Borges Rodríguez (Maro) mediante una medida de contrainteligencia denominada “Operación Trasbordo”, en la que desempeñó un papel determinante Alberto Delgado, administrador de la finca Masinicú, ubicada en las cercanías de la ciudad de Trinidad, quien en realidad actuaba como agente “El Enano”, de la Seguridad del Estado.

En marzo, a partir de la experiencia anterior, en Matanzas comenzó a desarrollarse la “Operación Exterminio”, que consistía en penetrar a los pocos bandidos que quedaban y mediante Manuel Viera Rodríguez, el agente “Maño”, darles a conocer que iban a ser sacados del país por algún punto de nuestras costas. En realidad eran recogidos por una lancha rápida y conducidos a un buque madre bajo supuesto control de la CIA, donde resultaban detenidos. Así fueron capturados tres grupos compuestos por veinticinco alzados y seis colaboradores.

El 20 de marzo con la captura de la banda de Antonio Pérez de Corcho Echemendía fue liquidado el bandidismo en Camagüey.

El 25 de marzo, a pesar de la crítica situación que atravesaban los bandidos, un memorándum del Jefe de la Junta de Jefes de Estado Mayor del Ejército de Estados Unidos, convocaba para el 1ro de mayo a intensificar las infiltraciones por vía marítima en apoyo a las bandas de alzados, y proponía el 15 de julio para el inicio de las operaciones convencionales con fuerzas norteamericanas.

Como puede apreciarse en ese documento —desclasificado al cabo de muchos años— los servicios de inteligencia norteamericanos persistían en sus planes contra Cuba para reorganizar un denominado movimiento de “resistencia interna” a nivel nacional, que incluía la ejecución de actos terroristas y sabotajes dirigidos contra los principales planes de desarrollo económico y social de la Revolución, encaminados a debilitar la economía y fomentar un clima político adverso que creara las condiciones para desencadenar una invasión militar.

Sin embargo, para esta fecha las bandas terroristas de alzados, uno de los factores con los que la CIA contaba para apoyar sus planes subversivos, se encontraban en franca decadencia.

El 28 de marzo de 1964, como continuación de la “Operación Trasbordo”, un camión conducido por el combatiente Efraín Acosta Filgueira (Aguada) trasladó la banda del ex policía batistiano Julio Emilio Carretero Escajadillo por la Carretera Central, cruzando por Jatibonico y Chambas hasta Punta Alegre, en la costa norte de Camagüey, donde fueron recogidos por el pescador Dagoberto González Veiga, el agente “Ñato”, que los llevó en su bote hasta Cayo Media Luna al noroeste de Cayo Guillermo.

Al amanecer se acercó un buque y les envió una embarcación de catorce pies de eslora con motor fuera de borda para recogerlos en grupos de cuatro o cinco. Tripulaban la lancha Humberto del Blanco Rodríguez, Julián de la Torre Pérez, Pedro Brugués Ortega y Rogelio Payret Silvera.

Al llegar al barco el capitán Miguel Roque Ramírez (Carlos) recibió a los ocho bandidos, quienes entregaron sus armas a los marineros y bajaron a la bodega para someterse a una fumigación. Allí eran detenidos por Aníbal Velaz Suárez, Luis Felipe Denis Díaz, Pedro Romero Espinosa, Agustín Rodríguez Mur, Plácido Roque Carbonell y Félix Villasuso, quienes actuando en dúos les tapaban la boca, los inmovilizaban y los introducían en el pañol de municiones.

En la Base de Tropas Guardafronteras de Punta Hicacos, en Matanzas, los esperaba un vehículo que los trasladó para Villa Marista, donde funcionaban las oficinas centrales de la Seguridad del Estado. En el periodo en el que Carretero encabezó las bandas del Escambray se reportaron veintisiete crímenes y ciento dieciséis sabotajes contra la economía.

El cabecilla que le seguía en jerarquía por su antigüedad era José León Jiménez (Cheíto), quien no tuvo ninguna posibilidad de ejercer el mando sobre los bandidos que quedaban.

El 29 de abril en horas de la madrugada, en la finca Mingú, a orillas del río Guaurabo, Cheíto León al frente de siete alzados y cuatro colaboradores sometieron al combatiente revolucionario Alberto Delgado a una violenta golpiza que concluyó con su ahorcamiento, sin que pudieran arrancarle la más mínima información sobre la actividad encubierta que realizaba.

Inmediatamente después de cometer el crimen, y tras registrar la habitación donde dormía Alberto en busca de alguna señal que demostrara sus vínculos con el G-2, Cheíto León y sus seguidores emprendieron una veloz carrera para alejarse del lugar del hecho y evitar un enfrentamiento con las fuerzas de Lucha Contra Bandidos.

Al día siguiente en un cerco de las fuerzas de LCB resultó muerto Rubén González León (El Cordovés), un cabecilla que había influido en Cheíto León para que presionara a Alberto Delgado con el propósito de arrancarle cualquier información que revelara su actividad como agente de la Seguridad del Estado. El Cordovés había participado en el asesinato de seis personas, incluyendo un niño, llevó a cabo numerosos atropellos contra familias campesinas y realizó sabotajes contra instalaciones y medios de la economía agrícola estatal.

El 25 de mayo Cheíto León fue cercado por fuerzas de LCB bajo el mando del capitán del Ejército Rebelde Manuel Herrera Tito, en la finca Javira, en el Escambray, donde resultó muerto en un intercambio de disparos con el sargento Roberto Gallo Pérez.

El 29 de mayo varias compañías del Batallón 3278 bajo el mando de los capitanes Carlos Fernández Gondín y David Concepción Valdés, junto a un grupo de combatientes del Departamento de Orden Público y la Seguridad del Estado bajo la dirección de Joaquín Méndez Cominches, llevaron a cabo una operación que concluyó con la captura de los integrantes de la banda de José Ávila Nápoles (Pepe Orencio). Al día siguiente, en horas de la mañana, el cabecilla fue detenido en la casa de un colaborador, en un lugar conocido por Tomí, en Holguín.

A principios de junio en el Escambray permanecían sobre las armas la banda de Blas Tardío Hernández y los alzados Efraín Manzo Brizuela-José Tomás Zayas Montejo y Luis Santana Gallardo-José Reboso Febles apoyados por varios colaboradores.

El 27 de julio, según un informe elaborado por la Sección Bandas del G-2, en toda la provincia de Las Villas para esa fecha se reportaban cuarenta y tres bandidos dispersos en toda la región central del país, pero en los próximos meses fueron cayendo en manos de la justicia revolucionaria.

El 28 de diciembre de 1964, patrocinado por las organizaciones terroristas Alpha 66, II Frente del Escambray y Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP), en un intento por fomentar nuevos alzamientos armados, el contrarrevolucionario Eloy Gutiérrez Menoyo acompañado por tres hombres, partió desde un campamento en Punta Presi­dente, en la Bahía de Manzanillo, extremo occidental de República Dominicana, donde durante más de siete meses habían sido entrenados por la CIA en topografía, infantería, telegrafía, lectura de mapas y tiro de guerra, y se infiltró por Punta Blanca, en Baracoa, Guantánamo, en la costa sur de la provincia de Oriente.

Menoyo no imaginaba que uno de sus seguidores, Enoel Salas Santos, actuaba como el agente “Allan” de la Inteligencia cubana, quien de una forma muy discreta iba dejando rastros para guiar a las fuerzas que los perseguían.

Comienzo del fin del bandidismo

El 11 de enero de 1965 en la finca El Cura, barrio Rovira, en Jagüey Grande, fue liquidada la última banda que quedaba estructurada en Matanzas bajo el mando de Eliecer Martínez Socorro (El Mayor).

El 19 de enero fueron capturados en la finca Central China, barrio de Ceiba Mocha, los hermanos Secundino y Leopoldo Herrera Hernández prófugos de la banda de Enrique Infante.

El 22 de enero en Pinar del Río cayó la última banda con la captura del cabecilla José Manuel Olivera Rodríguez en la zona de Quintanilla, San Diego de Tapia, en Los Palacios.

Al día siguiente, después de evadirse de varias operaciones militares, Menoyo y sus seguidores fueron cercados en San Jacinto, zona de Imías, en Baracoa, y terminaron rindiéndose ante fuerzas combinadas de las Milicias Serranas, de la Escuela de Sargentos de Palma Soriano y de tropas de la División 50 del Ejército Oriental bajo el mando de los comandantes Demetrio Montseny Villa y Francisco González López (Pancho) y del teniente Augusto Caballero Aguirre (Manengue), entre otros.

Esta infiltración por la zona oriental reafirmaba que los servicios de inteligencia norteamericanos daban por perdida la guerra en el Escambray, una región en la que desde finales de 1957 Menoyo había realizado una labor proselitista contrarrevolucionaria entre los campesinos, y donde debían quedarle algunos colaboradores, por lo que prefirieron probar suerte con la apertura de un nuevo foco de bandidos en las montañas de Baracoa, que pudiera ser apoyado desde la Base Naval de Estados Unidos en Guantánamo e incluso desde el campo de entrenamiento que habían instalado en República Dominicana.

El 16 de febrero fue detenido el cabecilla Rigoberto Ibarra García mediante la “Operación Exterminio” en Matanzas.

Ese mismo día fue capturado Rigoberto Pompa Salinas, en Manzanillo, Oriente y el 4 de marzo cayó su compinche Rubén Jiménez Infante.

El 11 de marzo fue capturado en Hoyo del Pinto, perteneciente a la zona de Cabagán, Blas Tardío Hernández, el último de los cabecillas de bandidos que mantenía cierta beligerancia en el Escambray.

El 24 de mayo, en el río La Gallina, municipio de Manatí, Las Tunas, el miliciano Alberto Arcos Luque, de 19 años, instructor político de una unidad de Lucha Contra Bandidos, cayó en un enfrentamiento con la banda de Gusberto Guerra Hernández, quien no le bastó herirlo con un disparo y lo asesinó a bayonetazos.

Al día siguiente la lucha contra bandidos en Oriente concluyó con la captura de Gusberto Guerra Hernández.

El 5 de julio, en La Cuchilla, Los Ramones, a tres kilómetros de Perea, cerca del río Jatibonico, en el territorio de Las Villas, fue capturada la banda de Juan Alberto Martínez Andrade, quien en ese momento representaba al denominado Frente Camagüey-Yaguajay y era considerada la última banda que quedaba en todo el territorio nacional.

Fidel dio a conocer la victoria

El 26 de julio durante el discurso pronunciado en Santa Clara, en el acto conmemorativo por el XII Aniversario del asalto a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz expresó:

“Y la provincia se levantó contra sus enemigos, los campesinos de la montaña se movilizaron, los formidables Batallones de Lucha contra Bandidos surgieron, con el propósito de aplastar a los contrarrevolucionarios. Fue larga la lucha, duró años. Unas bandas eran extinguidas y el enemigo introducía, armadas y orga­nizadas nuevas bandas, hasta que fueron totalmente barridas. Y de los contrarrevolucionarios sólo quedan tres y no organizados en forma de bandas, sino tres fugitivos.

“Hay que decir que ni un solo asesinato quedó impune, hay que decir que ninguno de aquellos malhechores que ultimaron a briga­distas, a maestros, a obreros, a campesinos, logró escapar; hay que decir que la ley y la justicia cayeron sobre los culpables.

“Pero la erradicación de esas bandas no se hizo sin sacrificios. Miles de hombres, obreros y campesinos, del Escambray la inmensa mayoría, lucharon durante años, persiguiendo incansablemente y sin tregua al enemigo y en esas operaciones, 295 combatientes revolucionarios perdieron la vida en servicio, en combates, contra el enemigo, en accidentes ocasionados por el propio servi­cio, y fueron capturados en parte, y en parte aniquilados 2005 contrarrevolucionarios.

“Y los imperialistas se preguntarán cómo es posible con los millones de pesos que se han gastado, con los miles y miles de armas que lanzaron e introdujeron en el país, cómo es posible que sin movilizar más combatientes que los propios combatientes de la región montañosa de Las Villas, sus bandas contrarrevolucionarias hayan sido aniquiladas.

“Y esperamos que esta lección la hayan aprendido bien. Sabemos que no desisten en sus planes, incesantemente detectamos nuevas infiltraciones, incesantemente ocupamos nuevas armas, nuevos explosivos, pero esperamos que hayan perdido para siempre la esperanza de poder llevar adelante sus bandas contrarrevoluciona­rias.”

La acción conjunta de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, las Compañías de Milicias, los batallones de Lucha Contra Bandidos, la Policía Nacional Revolucionaria y los Órganos de la Seguridad del Estado, que contaron en todo momento con la participación del pueblo y la estrecha colaboración de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), constituyeron la piedra angular de la Revolución en esta lucha.

Había sido derrotado el bandidismo en todo el territorio nacional, aunque quedaron algunos bandidos dispersos y sin ninguna beligerancia. Unos se intrincaron en zonas boscosas para evitar ser capturados, pero otros trataron de dirigirse a la capital con el propósito de introducirse en una embajada, obtener un salvoconducto y emigrar.

Últimas operaciones contra bandidos fugitivos

Durante el segundo semestre de 1965 los bandidos fugitivos resultaron objeto de diversas operaciones de contrainteligencia.

El 28 de julio fue capturado en las cercanías de Trinidad, el cabecilla Efraín Manso Brizuela.

El 3 de agosto, alrededor de las nueve de la noche, el cabecilla Valeriano Montenegro Rodríguez (Vale) con tres alzados y seis colaboradores, fueron detenidos en la estación de gasolina ubicada en el intermitente de la playa de Guanabo, cuando viajaban en dos autos con el propósito de realizar un contacto que los llevara a abandonar el país.

Entre el 6 y el 7 octubre, en Oriente, fueron detenidos los alzados Manuel Moreno Martínez (Ninga), Rafael Labrada Martínez y Clemente Aragón Aragón (La Mula).

El 3 de diciembre de 1965, en el escenario de la “Operación Exterminio”, tras una labor coordinada entre la jefatura del Buró de Bandas del G-2 en Matanzas y Las Villas, el escurridizo cabecilla Luis Santana Gallardo (Luis Vargas) fue trasladado desde el territorio villareño hasta Varadero, donde resultó arrestado cuando se encontraba a bordo de un yate mediante una operación dirigida por Santiago Gutiérrez Oceguera (Sergio), en la que desempeñaron un papel destacado los agentes de la Seguridad del Estado Eddy Pérez Martín, Ramón Arrechea Zayas (Ramonín) y Juan A. Moleón Carreras.

El 1ro. de octubre de 1966 con una medida de contrainteligencia denominada “Exterminio II”, donde volvió a desempeñar un papel fundamental el agente Eddy Pérez Martín, fue detenido en la ciudad de Santa Clara el bandido José Reboso Febles (Pepe Reboso), ayudante de Luis Vargas y considerado el último alzado del Escambray.

El 1ro. de diciembre de 1966, en Santa Isabel de las Lajas, fue detenido el bandido Victoriano Cardoso Reyes, cuando se encontraba oculto en un escondite subterráneo que había preparado debajo de su propia casa.

Unos días más tarde, en Oriente, se reportó la captura Pedro Miguel Lastre Cifre (La Grulla), un antiguo miembro del grupo paramilitar conocido como Los Tigres de Masferrer, con lo que nuestros campos quedaron limpios de bandidos.

Un balance demasiado costoso

De acuerdo con las investigaciones históricas realizadas posteriormente, alrededor de 618 combatientes y milicianos cayeron durante la persecución de los alzados, en los cercos y en los peines, murieron en distintas circunstancias relacionadas con las operaciones militares, o fallecieron como consecuencia de las heridas recibidas.

Además unas 196 personas resultaron asesinadas por las bandas, incluyendo 15 niños, 8 ancianos y 2 mujeres. Como resultado de los actos terroristas de las bandas entre la población se reportaron además unos 75 heridos de distinta gravedad.

Unos 635 alzados resultaron muertos durante la persecución a que fueron sometidos por las fuerzas revolucionarias y al menos 18 alzados fueron asesinados por sus propios compinches a causa de pugnas internas. Es probable que todavía se encuentren sepultados en zonas rurales intrincadas algunos de estos elementos cuyas muertes no fueron reportadas.

Calculamos que unos 1,467 cubanos perdieron la vida en una guerra fomentada por el Gobierno de Estados Unidos al que no le interesaban las bajas de uno u otro bando.

El costo aproximado del enfrentamiento al bandidismo armado según los cálculos de la época fue de mil millones de pesos.

Los bandidos capturados fueron sometidos a los Tribunales Revolucionarios con todas las garantías procesales, donde tuvieron que responder por sus delitos. Aquellos que cometieron crímenes fueron sancionados a la pena de muerte por fusilamiento, otros recibieron diferentes condenas de acuerdo a los hechos cometidos. Después de cumplir sus sanciones muchos alzados decidieron emigrar, pero otros se reincorporaron a nuestra sociedad y disfrutaron de sus deberes y derechos como cualquier ciudadano sin que nadie los molestara.

Durante varios años se fueron entregando algunos bandidos prófugos que habían optado por enclaustrarse en diversos escondrijos y vivir aislados de todo contacto con la sociedad, pero como a ninguno se les comprobó su participación en crímenes, fueron puestos en libertad por considerarse que ellos mismos se habían sometido a privaciones más severas que las impuestas por las leyes revolucionarias.

* Investigadores del Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado

Dejar respuesta

¡Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí